miércoles, 19 de septiembre de 2018

PRANZINI, MI PRIMERO HIJO (DESPUÉS DE LA GRACIA DE NAVIDAD, 1886 -1887) MANUSCRITO A


Oí hablar de un gran criminal que acababa de ser condenado a muerte por unos crímenes horribles (1). Todo hacía pensar que moriría impenitente. Yo quise evitar a toda costa que cayese en el infierno (2), y para conseguirlo empleé todos los medios imaginables. 



Sabiendo que por mí misma no podía nada, ofrecí a Dios todos los méritos infinitos (3) de Nuestro Señor y los tesoros de la santa Iglesia; y por último, le pedí a Celina que encargase una Misa por mis intenciones, no atreviéndome a encargarla yo misma por miedo a verme obligada a confesar que era por Pranzini, el gran criminal. 

Tampoco quería decírselo a Celina, pero me hizo tan tiernas y tan apremiantes preguntas, que acabé por confiarle mi secreto. Lejos de burlarse de mí, me pidió que la dejara ayudarme a convertir a mi pecador. Yo acepté, agradecida, pues hubiese querido que todas las criaturas se unieran a mí para implorar gracia para el culpable.
 

En el fondo de mi corazón yo tenía la plena seguridad de que nuestros deseos serían escuchados. Pero para animarme a seguir rezando por los pecadores, le dije a Dios que estaba completamente segura de que perdonaría al pobre infeliz de Pranzini, y que lo creería aunque no se confesase ni diese muestra alguna de arrepentimiento, tanta confianza tenía en la misericordia infinita de Jesús; pero que, simplemente para mi consuelo, le pedía tan sólo «una señal» de arrepentimiento...  


Mi oración fue escuchada al pie de la letra. 
A pesar de que papá nos había prohibido leer periódicos, no creí desobedecerle leyendo los pasajes que hablaban de Pranzini. Al día siguiente de su ejecución, cayó en mis manos el periódico «La Croix». Lo abrí apresuradamente, ¿y qué fue lo que vi...? Las lágrimas traicionaron mi emoción y tuve que esconderme... Pranzini no se había confesado, había subido al cadalso, y se disponía a meter la cabeza en el lúgubre agujero, cuando de repente, tocado por una súbita inspiración, se volvió, cogió el crucifijo que le presentaba el sacerdote ¡y besó por tres veces sus llagas sagradas...! Después su alma voló a recibir la sentencia misericordiosa (4) de Aquel que dijo que habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por los noventa y nueve justos que no necesitan convertirse...

Había obtenido «la señal» pedida, y esta señal era la fiel reproducción de las gracias que Jesús me había concedido para inclinarme a rezar por los pecadores. ¿No se había despertado en mi corazón la sed de almas precisamente ante las llagas de Jesús, al ver gotear su sangre divina? Yo quería darles a beber esa sangre inmaculada que los purificaría de sus manchas, ¡¡¡y los labios de «mi primer hijo» fueron a posarse precisamente sobre esas llagas sagradas...!!! ¡Qué respuesta de inefable dulzura...! 

A partir de esta gracia sin igual, mi deseo de salvar almas fue creciendo de día en día. Me parecía oír a Jesús decirme como a la Samaritana: «¡Dame de beber!» 

Era un verdadero intercambio de amor: yo daba a las almas la sangre de Jesús, y a Jesús le ofrecía esas mismas almas refrescadas por su rocío divino. Así me parecía que aplacaba su sed. Y cuanto más le deba de beber, más crecía la sed de mi pobre alma, y esta sed ardiente que él me daba era la bebida más deliciosa de su amor...  




En poco tiempo Dios supo sacarme del estrecho círculo en el que yo daba vueltas y vueltas sin acertar a salir. Al contemplar ahora el camino que él me hizo recorrer, es grande mi gratitud. 

Pero he de reconocer que, si el paso más importante estaba dado, todavía eran muchas las cosas que tenía que dejar.

Mi espíritu, liberado ya de los escrúpulos y de su excesiva sensibilidad, comenzó a desarrollarse. Yo siempre había amado lo grande, lo bello, pero en esta época me entraron unos deseos enormes de saber. No me conformaba con las clases y con los deberes que me ponía mi profesora, y me dediqué a hacer por mi cuenta estudios extras de historia y de ciencias. Las otras materias me eran indiferentes, pero estos dos campos del saber despertaban todo mi interés. Y así, en pocos meses adquirí más conocimientos que durante todos mis años de estudio.

¡Pero eso no era más que vanidad y aflicción de espíritu...! Me venía con frecuencia a la memoria el capítulo de la Imitación en que se habla de las ciencias. Pero, no obstante, yo encontraba la forma de seguir, diciéndome a mí misma que, estando en edad de estudiar, ningún mal había en hacerlo. 

No creo haber ofendido a Dios (aunque reconozco que perdí inútilmente el tiempo), pues sólo le dedicaba un número limitado de horas, que no quería rebasar, a fin de mortificar mi deseo exacerbado de saber... 

Estaba en la edad más peligrosa para las chicas. Pero Dios hizo conmigo lo que cuenta Ezequiel (5) en sus profecías: «Al pasar junto a mí, Jesús vio que yo estaba ya en la edad del amor. Hizo alianza conmigo, y fui suya... Extendió su manto sobre mí, me lavó con perfumes preciosos, me vistió de bordados y me adornó con collares y con joyas sin precio... Me alimentó con flor de harina, miel y aceite en abundancia... Me hice cada vez más hermosa a sus ojos y llegué a ser como una reina...»

Sí, Jesús hizo todo eso conmigo. Podría repetir esas palabras que acabo de escribir y demostrar que todas ellas, una por una, se han realzado en mí; pero las gracias que he referido más arriba son ya prueba suficiente de ello. Sólo voy a hablar del alimento que me dio «en abundancia».

NOTAS:

(1) Enrique Pranzini, de treinta y un años de edad, había degollado a dos mujeres y a una niña para robar, el 17/3/1887, en París. Su procesó concluyó el 13/7/1887 con la condena a muerte y fue guillotinado el 31/8. 

(2) Teresa habla muy raras veces del infierno. 

(3) Gesto extraordinario el de esta adolescente de catorce años, al ofrecer los méritos infinitos de Nuestro Señor. A Teresa le gusta subrayar el carácter infinito de los méritos de Jesús. 

(4) Teresa no olvidó a Pranzini, y más tarde, en el Carmelo, cuando tenía algunos recursos, mandaba decir una misa por su hijo 

(5)  Teresa toma la cita de Ezequiel de san Juan de la Cruz (Cántico Espiritual, canc. 23, 6). Nótese cómo Teresa, a pesar de su pudor, nunca vacila en expresar con toda su fuerza el sentimiento amoroso, sea humano sea divino.

Fuente: Historia de un alma, autobiografía de santa Teresa de Lisieux


 

lunes, 17 de septiembre de 2018

QUE MIS TINIEBLAS SIRVAN PARA ILUMINAR A LAS ALMAS, CARTA 112

 A sor Inés de Jesús   1 de septiembre de 1890 
J.M.J.T.     Jesús + Lunes 


Te paso la carta que he escrito para papá. Si te parece que no puede ir así, hazme tú un borrador; pero creo que no la va a entender... ¡Qué misterio el amor de Jesús a nuestra familia...! ¡Qué misterio las lágrimas y el amor de este esposo de sangre (1)...!  


Mañana estaré con el Sr. Youf (2). Me ha dicho que le haga una breve relación (3), pero sólo desde que estoy en el Carmelo. Reza mucho para que Jesús me conserve la paz que ME HA DADO. 
Me sentí muy feliz al recibir la absolución el sábado... Pero no comprendo el retiro que estoy haciendo, no pienso en nada. 
En una palabra, ¡me encuentro en un subterráneo muy oscuro...! Pídele a Jesús, tú que eres mi luz, que no permita que las almas se vean privadas por mi culpa de las luces que necesitan, sino que mis tinieblas sirvan para iluminarlas a ellas...

Pídele también que haga unos buenos ejercicios espirituales y qué él esté tan contento como sea posible. Así, también yo estaré contenta y aceptaré, si ésa es su voluntad, caminar toda mi vida por la ruta oscura que estoy siguiendo, con tal que un día pueda llegar a la cima de la montaña del amor, aunque creo que esto no será aquí en la tierra. 

(Voy a tomar mi sorbito de vino; también esta mañana me habría apetecido, pero no pude encontrar a nuestra Madre (4))

¿Tengo que escribir a la señora Papinot...? Me parece que no vale la pena, no lo entendería, ¿no sería quizás mejor esperar a la toma de velo...? 

 


NOTAS 


1 Esposo de sangre por los sufrimientos que está teniendo, sobretodo ante la enfermedad de su padre, que sufre de una especie de demencia.

2 Capellán del Carmelo. 

3 Es decir, una confesión general. 

4 Se sobrentiende: para pedirle permiso.  


Fuente: Obras completas, santa Teresa de Lisieux, cartas


ITINERARIO DE SANTA TERESITA PARA LLEGAR A LA MONTAÑA DEL AMOR, CARTA 110

 A sor Inés de Jesús  30-31 de agosto de 1890  J.M.J.T. 

Jesús + 

Mamaíta querida, ¡gracias, sí, gracias...! ¡Si supieras todo lo que tu carta le dice a mi alma...! 

Pero la pequeña solitaria tiene que decirte el itinerario de su viaje. Helo aquí: 


Antes de partir, su Prometido pareció preguntarle a qué país quería viajar y qué ruta deseaba seguir, etc. etc. 
Su pequeña prometida le contestó que ella no tenía más que un deseo: dirigirse a la cima de la montaña del amor (1).

Para llegar allá se le ofrecían muchos caminos, y había tantos perfectos entre ellos, que se sentía incapaz de elegir. 
Entonces dijo a su guía divino: «Tú ya sabes adónde quiero llegar, tú sabes por quién deseo escalar la montaña y por quién quiero llegar a la meta, tú sabes a quién amo y quién es el único a quien quiero contentar. Sólo por él emprendo este viaje; guíame, pues, por los senderos que a él más le gusta recorrer. Con tal que él esté contento, yo me sentiré en el colmo de la felicidad». 

Entonces Jesús me tomó de la mano y me hizo entrar en un subterráneo donde no hace ni frío ni calor, donde no luce el sol y al que no visitan ni el viento ni la lluvia. Un subterráneo donde no veo nada más que una claridad semivelada, la claridad que difunden a su alrededor los ojos bajos de la Faz de mi Prometido... 

Mi Prometido no me dice nada, ni yo le digo tampoco nada a él; tan sólo que le amo más que a mí misma. Y en el fondo de mi corazón siento que es verdad, ¡pues soy más de él que mía...! 

No veo que avancemos hacia la cumbre de la montaña, pues nuestro viaje se hace bajo tierra; pero, con todo, me parece que nos acercamos a ella sin saber cómo. La ruta que sigo no tiene ningún consuelo para mí, y sin embargo me trae todos los consuelos, porque es Jesús quien la ha elegido y yo quiero consolarlo sólo a él, ¡sólo a él...! 
¡Ay, qué verdad tan grande es que, si yo le ofrezco las uvas de mi corazón, lo hago entre la B y la A (2), porque ni yo misma entiendo nada! 

¿Tengo que escribir al Sr. Lepelletier (3) y al Sr. Révérony que voy a hacer la profesión...? 

Sobre todo no te olvides de ir a la bodega a tomar tu sorbito de vino (4); y al beberlo, piensa en tu hijita que, a buen seguro, tampoco está bebiendo los vinos azucarados de Engaddi... Pide que ella sepa dárselo a su Esposo, salvando almas, y se sentirá consolada... 


 
NOTAS 

1 Cf SAN JUAN DE LA CRUZ, Subida del Monte Carmelo.

2 Alusión hermética para nosotros. 

3 Confesor de Teresa de 1886 a 1888. 

4 Vino quinado prescrito a sor Inés.  


Fuente: Obras completas, santa Teresa de Lisieux, cartas


sábado, 15 de septiembre de 2018

YO NO CONOZCO OTRO CAMINO QUE EL AMOR PARA LLEGAR A LA PERFECCIÓN, carta de santa Teresita a su prima para animarla en su vocación, CARTA 109

 A María Guérin   27-29 de julio de 1890 
J.M.J.T. 
El Carmelo, julio de 1890        Jesús + 


Querida Mariíta: 
Da gracias a Dios por todos los dones que te ha concedido y no seas tan ingrata que no los reconozcas. Me haces el efecto de una joven aldeana a quien un rey poderoso viniera a pedir en matrimonio y que no se atreviera a aceptar bajo el pretexto de que ella no es lo suficientemente rica ni educada en las costumbres de la corte, sin reparar en que su prometido real conoce su pobreza y su debilidad mucho mejor que ella misma... María, si tú no eres nada, no debes olvidar que Jesús lo es todo; y por tanto, tu pequeña nada tiene que perderse en su infinito todo y no pensar más que en ese todo, el único digno de ser amado(1)... Tampoco tienes que desear ver el fruto de tus esfuerzos: Jesús quiere guardar para sí solo esas pequeñas nadas que lo consuelan...  

MARÍA GUERIN, PRIMA DE SANTA TERESITA

Te equivocas, amiga mía, si crees que tu Teresita recorre siempre ilusionada el camino de la virtud. Ella es débil, muy débil, y experimenta a diario esa triste realidad. Pero, María, Jesús se complace en enseñarle, como a san Pablo (2), la ciencia de gloriarse en sus enfermedades. Es ésta una gracia muy grande, y pido a Jesús que te la enseñe, porque sólo ahí se encuentra la paz y el descanso del corazón. Cuando una se ve tan miserable, no quiere ya preocuparse de sí misma y sólo mira a su único Amado...  


Mi querida Mariíta, yo no conozco otro camino que «el amor» para llegar a la perfección... ¡Amar! ¡Qué bien hecho está para eso nuestro corazón...! A veces busco otra palabra para expresar el amor, pero en esta tierra de exilio las palabras son incapaces de emitir todas las vibraciones del alma, y tenemos que limitarnos a esa única palabra: «¡Amar!»... 

¿Pero a quién podrá prodigarlo nuestro pobre corazón, hambriento de amor...? ¿Quién será lo suficientemente grande para eso...? ¿Podrá un ser humano comprenderlo..., y, sobre todo, saber corresponderle...? María, no hay más que un ser capaz de comprender toda la profundidad de esa palabra: ¡amar...! No hay nadie, fuera de Jesús, que pueda darnos infinitamente más de lo que nosotros le damos a él... 

¡María del Santísimo Sacramento...! Tu nombre te está diciendo tu misión... Consolar a Jesús, hacer que las almas le amen... Jesús está enfermo (3), y hay que tener en cuenta que la enfermedad del amor sólo se cura con amor (4)... María, entrega todo tu corazón a Jesús. 
Él tiene sed de él, está hambriento de él. Tu corazón, he ahí lo que él ambiciona, hasta el punto de que, por poseerlo, consiente en alojarse en un cuartucho sucio y oscuro (5)... ¿Cómo no amar a un amigo que se reduce a tan extrema indigencia? ¿Cómo atreverse a seguir alegando la propia pobreza, cuando Jesús se hace semejante a su prometida...? Era rico y se hizo pobre para unir su pobreza a la pobreza de María del Santísimo Sacramento... ¡Qué gran misterio de amor...!  



Todos mis recuerdos a mi querida colonia. 

Mi corazón está siempre con María del Santísimo Sacramento. El sagrario es la casa del amor en la que nuestras dos almas están encerradas... 

Tu hermanita, que te pide que no la olvides en tus oraciones, 

Sor Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz



NOTAS


1 «Todo ... nada»: dialéctica de san Juan de la Cruz en la Subida del Monte Carmelo. 

2 Sor Genoveva añadió la enmienda: «de amor». 

3 Cf SAN JUAN DE LA CRUZ, CE 11,11. 

4 Véase Cta 108, n. 2.  


Fuente: Obras completas, santa Teresa de Lisieux, cartas


ARROJAR FLORES


Jesús, Amado mío, 

al pie de tu calvario 
quiero, todas las tardes, 
arrojarte mis flores, 
deshojarte mi rosa 
-mi rosa primavera <1>- 
y enjugar con sus pétalos 
tu llanto <2>, mi Señor.

 

¡Arrojarte mis flores,  
ofrecerte en primicia 
sacrificios pequeños, 
mis suspiros más leves, 
mis dolores más hondos, 
y mi dicha y mis penas..., 
arrojarte mis flores <3> 
y mi rosa, Señor! 


De tu inmensa belleza 
se ha prendado mi alma <4>. 
Yo quiero prodigarte 
mis flores y perfumes, 
por tu amor arrojarlos 
sobre el ala del viento 
e inflamar corazones 
para ti, mi Señor.

Y cuando sufro y lucho <5> 
por salvar pecadores, 
arrojarte mis flores. 
Mis flores son el arma 
que me da la victoria. 
Te desarmo y te venzo 
con mis flores, Señor.


Mis flores con sus pétalos 
acarician tu rostro 
y te dicen que es tuyo 
todo mi corazón. 
De mi rosa en deshoje 
tú entiendes el lenguaje, 
miras y le sonríes 
a mi amor tú, Señor.

¡Arrojarte mis flores,  
repetir mi alabanza 
es mi única alegría, 
es todo mi placer 
en este oscuro valle 
de sombras y de lágrimas! 
Al cielo pronto iré, 
con los pequeños ángeles 
iré a arrojarte flores 
¡mis flores, oh Señor!



NOTAS

Fecha: 28 de junio de 1896. - Compuesta para: la madre Inés de Jesús para su santo (Paulina). - Publicación: HA 98, tres versos corregidos. - Melodía: Oui, je le crois, elle est immaculée.

Todas las noches del mes de junio de 1896, Teresa y las cinco jóvenes novicias se reúnen alrededor de la cruz de granito del patio. Recogen los pétalos que han caído de una veintena de rosales y los arrojan al Crucifijo. Este rito simbólico acaba gustándole a la madre Inés de Jesús.


La última etapa de toda su vida de amor la cantará nuestra carmelita en Una rosa deshojada. El anuncio floreado de su misión póstuma, «una lluvia de rosas» (CA 9.6.3) desvela -o, mejor, no debería velar- la única pretensión de Teresa para el cielo y en la tierra: amar a Jesús y hacerlo amar.

<1> Teresa cita estos cuatro versos en CA 14.9.1. La «rosa primavera» es entonces ya ella misma, a quince días de la muerte. 

<2> Un deseo muy antiguo en Teresa (cf Cta 74, 95, 115, 134), un gesto que se asemeja al de la Verónica (cf Cta 98).

<3> Cf Ms B 4rº/vº y CA 6.8.8.

<4> Es ésta la primera de las once veces que se menciona la lucha en las Poesías en las Recreaciones Piadosas hasta marzo de 1897; cf Poésies, II, p. 260. Casi todas ellas tienen miras apostólicas. Este vocabulario guerrero es un débil eco de la obra teatral de índole muy combativa El triunfo de la humildad (RP 7), que había sido representada unos días antes (21/6/1896). 

Fuente: Obras completas, santa Teresa de Lisieux, poesías


 

 

viernes, 14 de septiembre de 2018

LO QUE PRONTO VERÉ POR VEZ PRIMERA, poesías de santa Teresita al Corazón de Jesús



Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús  
12 de junio de 1896.


Me encuentro en tierra extranjera 
todavía, mas presiento la futura, 
eterna dicha. Quisiera dejar 
la tierra para contemplar 
de cerca las maravillas del cielo. 
Soñando en aquella vida, 
no siento de mi destierro 
ni el peso ni la medida. 
Pronto volaré, Dios mío, 
hacia mi única patria, 
¡volaré por vez primera!


Dame, Jesús, blancas alas para 
emprender hacia ti, rauda y alegre, 
mi vuelo. Quiero verte, mi tesoro, 
quiero volar a las playas 
eternas de tu azul reino. 
Quiero volar a los brazos 
maternales de María, 
y descansar en su trono, 
que para mí es su regazo, 
y de mi Madre querida 
el dulce beso de amor ¡
recibir por vez primera!


No tardes en descubrirme, 
¡oh, mi Amado!, 
la dulzura de tu primera sonrisa. 
Cumple mi ardiente delirio <1>, 
déjame estar escondida 
en tu corazón divino. 
¡Oh dichosísimo instante, 
oh felicidad cumplida, 
cuando escuche el dulce acento 
de tu voz, y cuando pueda 
de tu rostro el claro brillo 
contemplar por vez primera!


Lo sabes bien, mi martirio <2> 
mi único y solo martirio, 
¡oh Corazón de Jesús!, 
es tu amor, y si suspiro 
por verte pronto en el cielo, 
es para amarte, que amarte más 
y más cada vez quiero. 
En el cielo, emborrachada 
dulcemente de ternura, 
yo te amaré sin medida, 
Jesús, te amaré sin ley. 
Y esta mi felicidad constante 
y eternamente me parecerá 
tan nueva ¡como la primera vez!


La hermanita del Niño Jesús.



NOTAS

Fecha: 12 de junio de 1896. - Compuesta para: sor María del Sagrado Corazón, a petición suya para su cumpleaños. - Publicación: HA 98 (bajo el título «Mi esperanza»), seis versos corregidos. - Melodía: ninguna indicación.

»Pronto, volar, ver, amar»: éste es el deseo apasionado de Teresa en junio de 1896, lo que exige su amor, lo que ella «quiere». Hace un mes, la Venerable madre Ana de Jesús, que la visitó en sueños, le dijo: «Sí, pronto, pronto, te lo prometo».

Este sueño -«rayo de gracia en medio de la más oscura tormenta»- encuentra un eco en esta poesía, llena de fervor, movida, orientada hacia el más allá, y con un cierto grado de angustia o de melancolía subyacente. El «pronto, pronto» que Teresa repite con verdadera alegría aviva el deseo de rasgar los velos. «Pronto» no son alas de paloma lo que ella pide, como el salmista, para «volar y descansar», sino «las propias alas del Aguila divina» (Ms B 5vº). Y «pronto» podrá ver la «sonrisa», el «corazón» el «rostro» del Amado: es un amor a la vez humano y sobrenatural el que aquí se expresa. Un amor que es fuente de «martirio», y hay que darle toda su fuerza a esta palabra que brota de manera espontánea (estr. 4). Teresa, cual esposa impaciente, sufre un verdadero martirio por causa de su amor a Jesús que aún no puede abrirse en plenitud en su presencia. Y ya sólo suspira ardientemente por ese cielo en donde podrá «amar sin medida y sin ley» (nótese la fuerza de la expresión).

<1> Palabra rara en Teresa, que confirma el tono apasionado de esta estrofa.

<2> Reproche afectuoso a Jesús por dejarla tanto tiempo «en tierra extrajera», su «único martirio», pues, en su comparación, los sufrimientos de aquí abajo nada cuentan para Teresa: no es el deseo de verse liberada de ellos lo que la hace «suspirar» por el cielo. 


Fuente: Obras completas, santa Teresa de Lisieux, poesías


 

 

jueves, 13 de septiembre de 2018

MI CIELO

 Festividad del Ssmo. Sacramento 7 de junio de 1896.
 

Para poder soportar el destierro 
de este valle de lágrimas, 
de mi amado Salvador necesito la mirada. 
Esa mirada divina, llena de amor, 
me revela sus inefables encantos, 
nuncios de la dicha eterna. 
Y mi Jesús me sonríe cuando por él suspiro,  
y entonces ya no siento la prueba de la fe. 
La mirada de mi Dios y su inefable sonrisa ¡son mi cielo para mí!
 

Mi cielo es atraer sobre las almas, sobre mi Madre la Iglesia <1> y mis hermanos,  las gracias de Jesús y sus divinas llamas que abrasan y que alegran del hombre el corazón. Todo puedo obtenerlo cuando, allá en lo secreto, a mi divino Rey le hablo, 
corazón a corazón. 
Esta íntima oración cerquita del santuario 
¡es mi cielo para mí!

Mi cielo está escondido en la pequeña hostia en que Jesús, mi Esposo, se oculta por amor. Y de este divino horno quiero sacar mi vida, mi Salvador está en él y me escucha noche y día.  ¡Oh dichosísimo instante, cuando en tu inmensa ternura  vienes a mí, Amado mío, para transformarme en ti!  
Esta inefable embriaguez y esta unión de corazones ¡son mi cielo para mí!

Mi cielo es sentir en mí la semejanza de Dios, que con un soplo potente <2> a su imagen me creó.  Mi cielo es permanecer en su presencia divina, y llamarla Padre mío, y ser y sentirme su hija. En sus divinos brazos no temo la tormenta. ¡Es toda y mi sola ley el abandono completo <3>!  Dormitar sobre su pecho, 
muy cerquita de su cara 
¡es mi cielo para mí!

Mi cielo yo lo he encontrado en la santa Trinidad, que, prisionera de amor, habita en mi corazón. Contemplando allí a mi Dios, 
yo le repito, sin miedo, que quiero amarle 
y servirle hasta mi postrer aliento. 
Es mi cielo sonreír a ese Dios al que adoro cuando él se quiere esconder para probar 
mi fe. Sonreír mientras espero 
a que él mi mire otra vez  
¡es mi cielo para mí!
 

(Pensamientos de sor san Vicente de Paul,  puestos en verso por su hermanita sor Teresa del Niño Jesús.)


NOTAS 

Fecha 7 de junio de 1896. - Compuesta para: sor San vicente de Paul, a petición suya. Publicación: HA 98, tres versos corregidos. - Melodía: Himne à l'Eucharistie.

Poesía algo melancólica, pero iluminada por una sonrisa y llena de confianza, sin duda para responder a los «pensamientos» de la destinataria. La «mirada llena de amor» de Jesús, el «corazón a corazón» con él en una oración que se hace intercesión por la Iglesia, La «unión de corazones» en la Eucaristía transformante, la «semejanza» filial, el «abandono completo» en el Corazón del Padre, la inhabitación de la «santa Trinidad» en el corazón amante van siendo cantados uno tras otro en versos alejandrinos que a veces alcanzas una hermosa solidez.

Sin embargo, Teresa desliza en ellos discretamente (y con su propio nombre), al principio y al final, una evocación de su propia «prueba de la fe» (única mención en los escritos). Seguir, a pesar de todo, sonriendo al Dios que se esconde («redoblar las ternuras», P 29,4; hacerle toda suerte de cumplidos», CA 6.7.3): ésta será su respuesta hasta el último atardecer.

<1> Primera vez que aparece esta expresión que hará famosa el Ms B 3vº y 4vº.

<2> Sólo aquí se encuentra esta bella expresión -soplo-, que para Teresa es siempre sinónimo de suavidad y frescor primaveral.

<3> Esta palabra no había vuelto a aparecer en las Poesías desde P 2 (de abril de 1894); la encontraremos luego en siete ocasiones (PN 38; P 26, 28, 34).
 
Fuente: Obras completas, santa Teresa de Lisieux, poesías.
 

SED DE AMOR

(Compuesta por Teresita para su hermana 
Sor María de la Trinidad y de la Santa Faz)
 



Jesús, al desterrarte a nuestra tierra, movido por tu amor, 

por mí tú te inmolaste. 
Toma mi vida entera, Amado mío, 
yo sufrir por ti quiero, 
quiero morir por ti.

Tú mismo, mi Señor, nos lo dijiste: «Nadie puede hacer más por los que ama que por ellos morir». 
Pues bien: mi amor supremo
eres tú, mi Jesús.

Se hace ya tarde, el día ya declina, 
ven, Señor, a guiarme en el camino. Con tu cruz voy trepando 
por la colina arriba. 
Quédate aquí conmigo, 
peregrino celeste.
En mi alma tu voz encuentra un eco, quiero a ti parecerme. 
Reclamo el sufrimiento. 
Tu palabra encendida 
me quema el corazón.

Tuya es para siempre la victoria, 
y extasiados los ángeles la cantan. Antes de entrar en la celeste gloria, 
el Dios-Hombre tenía que sufrir.
¡Cuántos desprecios por mi amor sufriste en tierra extraña!

También yo quiero oculta 
y despreciada vivir 
y ser en todo la última por ti.
Tu ejemplo, Amado mío, 
a abajarme me invita 
y a despreciar honores.

Para encontrarte, quiero permanecer pequeña. Olvidándome a mí 
tu dulce corazón cautivaré.
No ambiciono otra cosa  
que en soledad vivir, 
donde encuentro mi paz y mi alegría.

 En complacerte es sólo mi ejercicio 
y mi felicidad... eres tú, mi Jesús.
Tú, el Dios inmenso, 
a quien rendido adora el infinito cielo, vives dentro de mí, hecho mi prisionero noche y día. Tu dulce voz me implora 
y a cada instante me repite quedo: 
«¡Yo tengo sed! ¡Yo tengo sed de amor!»

Yo también soy, Jesús, tu prisionera, 
y a mi vez quiero repetirte siempre tu emocionada imploración divina: «Amado mío, hermano, 
¡yo tengo sed de amor!»
Yo tengo sed de amor, colma mis esperanzas y aumenta en mí, 
Señor, tu llama viva.

Yo tengo sed de amor, mi sufrimiento es grande, a ti volar quisiera... 
¡a ti, Dios mío...!
Tu amor es mi martirio, mi único martirio. Cuanto más él se enciende 
en mis entrañas,  tanto más mis entrañas te desean... 
¡¡¡Jesús, haz que yo muera 
de amor por ti...!!!


 
NOTAS

Fecha: 31 de mayo de 1896. - Compuesta para: sor María de la Trinidad, en su santo. Publicación: HA 98 (bajo el título «Tengo sed de amor»), seis versos corregidos. - Melodía:ninguna indicación.

Esta poesía, de ritmo vibrante, es una especie de diálogo místico, en el que se puede percibir como en una transparencia la voz de Jesús y la respuesta de Teresa, y que deja una impresión bastante dramática que expresa muy bien el título elegido para su publicación en la Histoire d'une âme: «Tengo sed de amor».

Teresa sabe que su muerte está próxima, y la noche desciende sobre su alma. Pero Jesús «está con ella» en el oscuro camino, en esa subida a «la colina» del Calvario. Y como a los peregrinos de Emaús, a ella también le dice: «¿No era necesario que el Mesías padeciera para entrar en su gloria?» Y su «palabra encendida quema el corazón» de Teresa. 
Para ella no habrá otro camino: el amor y la muerte. Por eso, «reclama» el sufrimiento: primero el «desprecio», en el cual el «caminito» garantiza al alma que se parecerá a Jesús; la «sed» del Crucificado, «sed de amor» inextinguible, que implora como en un estertor y que despierta en ella una sed semejante a la de él; y finalmente, el «martirio de amor», que repite incansablemente la última estrofa, patética como un preanuncio de la agonía de Teresa. En ella se pueden leer, a la vez, el amor más absoluto y la angustia, una esperanza apasionada rayana en la desesperanza.

Esta estrofa apasionada y su estribillo, en su expresión llameante y dramática, hace pensar en la Llama de amor viva de Juan de la Cruz: 

«Las profundas cavernas del sentido» (Explicación del v. 3 de la 3ª canción). 

Fuente: Obras completas, santa Teresa de Lisieux, poesías


¿QUIÉN COMPRENDE LAS LÁGRIMAS DE JESÚS?, CARTA 108

 A Celina   J.M.J.T. 
El Carmelo, 18 de julio de 1890 
Jesús... + 


Celina querida: 
¡Si supieras lo mucho que tu carta ha hablado a mi alma...! ¡La alegría inundaba mi corazón como un océano inmenso...! Celina, todo lo que te tengo que decir tú ya lo sabes, porque tú eres yo misma... Te mando una hoja (1) que ha hablado mucho mucho a mi alma; me parece que la tuya se va a abismar también en ella... 


Celina, hace ya tanto tiempo..., y ya entonces el alma del profeta Isaías se abismaba como la nuestra en las BELLEZAS ESCONDIDAS de Jesús... Celina, cuando leo estas cosas, me pregunto: ¿qué es el tiempo...? El tiempo no es más que un espejismo, un sueño... ¡Dios nos ve ya en la gloria y SE GOZA de nuestra bienaventuranza eterna...! ¡Cuánto bien hace a mi alma este pensamiento! Comprendo entonces por qué Dios no regatea con nosotros... Sabe que nosotras le entendemos, y nos trata como a sus amigos, como a sus esposas más queridas... 


Celina, ya que Jesús ha estado «solo pisando el vino» que nos da a beber, no nos neguemos nosotras a llevar los vestidos teñidos de sangre..., pisemos para Jesús un vino nuevo que apague su sed, que le devuelva amor por amor. No nos guardemos ni una sola gota del vino que podamos ofrecerle..., y entonces él, mirando a su alrededor, verá que nosotras venimos a ayudarle... 

Su rostro estaba como escondido... Celina, hoy también lo sigue estando, pues ¿quién comprende las lágrimas de Jesús...?  



Celina querida, hagamos de nuestro corazón un pequeño sagrario donde Jesús pueda refugiarse. Así, él se verá consolado y olvidará lo que nosotras no podemos olvidar: «la ingratitud de las almas que lo abandonan en un sagrario desierto...» (2). 

«Ábreme, hermana mía, esposa mía, que tengo la cabeza cubierta de rocío y mis rizos del relente de la noche» (Cantar de los Cantares). Eso es lo que Jesús nos dice al alma cuando se encuentra abandonado y olvidado. ¡El olvido, Celina! Creo que eso es lo que más pena le produce...



¡Papá...! No puedo, Celina, decirte todo lo que pienso, sería demasiado largo, y además ¿cómo decir ciertas cosas que el mismo pensamiento apenas puede traducir, profundidades que se encuentran en los abismos más íntimos del alma...? 

Jesús nos ha enviado la cruz más escogida que, en su amor inmenso, ha podido inventar... ¿Cómo quejarnos, cuando él mismo fue considerado como un hombre herido por Dios y humillado...? 

El hechizo divino (3) hechiza mi alma y la consuela de una forma maravillosa en todos los momentos del día. ¡Qué sonrisas, las lágrimas de Jesús...! 

Da a todos un abrazo de mi parte, y diles todo lo que se te ocurra... Me acuerdo mucho de mi Leonia querida, de mi querida salesa (4). 
Dile a María del Santísimo Sacramento (5) que Jesús le pide mucho amor, que espera de ella la reparación de las frialdades que recibe, ¡su corazón ha de ser una hoguera donde Jesús pueda calentarse...! ¡Tiene que olvidarse por completo de sí misma, para no pensar más que en él...! 

Celina, oremos por los sacerdotes, ¡sí, oremos por ellos! Consagrémosles nuestras vidas. Jesús me hace sentir a diario que espera esto de nosotras dos.




C.T. (6)


Del profeta Isaías (cap. 53) (7)  
¿Quién creyó nuestro anuncio?, ¿a quién se reveló el brazo del Señor? El Cristo creció ante el Señor como un retoño, como raíz en tierra árida. No había en él belleza ni esplendor; lo vimos sin aspecto atrayente. Despreciado, rechazado por los hombres, como un hombre de dolores acostumbrado a sufrimientos... Su rostro estaba como escondido... Parecía despreciable y no lo reconocimos. Él soportó nuestros sufrimientos y cargó con nuestros dolores. Nosotros lo tuvimos por leproso, herido de Dios y humillado... Pero él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. El castigo que nos iba a traer la paz cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron. 

Capítulo 53 (8)  
¿Quién es ese que viene de Edóm y de Bosrá, con vestidos teñidos de rojo...? ¿Quién es ese que resplandece por la hermosura de sus vestidos y que camina con una fuerza todopoderosa...? Soy yo, y mi palabra es palabra de justicia, y vengo para defender y para salvar. ¿Por qué están rojos tus vestidos, y tu ropa como la de los que pisan el vino en el lagar? Yo solo pisé el vino, ningún pueblo me ayudó. Miré a mi alrededor, y no había nadie que me ayudase; busqué, y no hallé quien me socorriera... 

Esos que están vestidos con blancas vestiduras ¿quiénes son y de dónde han venido? Esos son los que vienen de la gran tribulación, los que han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del cordero. Por eso están ante el trono de Dios sirviéndole día y noche...(9)


Mi amado es un ramillete de mirra, descansará sobre mi corazón... Mi amado brilla por la blancura y el resplandor de su rostro, los cabellos de su cabeza se parecen a la púrpura real. Mi amado es adorable, su rostro inspira amor, y su faz inclinada me urge a darle amor por amor (10).


 Quedéme y olvidéme, el rostro recliné sobre el Amado, cesó todo, y dejéme, dejando mi cuidado entre las azucenas olvidado. 
Fragmento de un cántico de Nuestro Padre san Juan de la Cruz (11) . 


NOTAS

1 Los textos extraídos de la Sagrada Escritura que le copia al final de la carta. 
 

2 Celina acababa de escribirle: «El otro día fuimos por casualidad a una pobre iglesita. Creí que las lágrimas iban a traicionar mis sentimientos, y me costó Dios y ayuda contenerlas. Fíjate: un sagrario sin su velo, auténtico agujero negro, quizás un nido de arañas, un copón tan pobre que me pareció de cobre, ¿y qué lo recubría?, un trapo sucio que ya ni conservaba la forma de velo de un copón... En ese copón, una sola hostia. Claro, que no se necesitan más en esa parroquia: ¡ni una sola comunión durante el año, excepto por Pascua! Y luego, en estas parroquias rurales, unos sacerdotes incultos que tienen cerrada la iglesia durante todo el día; además, son viejos y sin recursos. ¡Teresa, me quedé hundida ante ese espectáculo, se me hizo jirones el alma!» 
(LC 129, 17/7/1890). 

3 Poesía compuesta por Celina. 

4 Leonia deseaba volver a la Visitación, de donde había salido en enero de 1888 tras seis meses de vida religiosa. 

5 María Guérin. Cf Cta 109. En realidad, ese nombre de carmelita dejará lugar, como es sabido, al de «María de la Eucaristía». 

6 Iniciales de Celina y Teresa. 

7 Citado según la 1ª lectura del Oficio de las Cinco Llagas de N. S. y la 1ª lectura del oficio de los Siete Dolores de la Virgen Santísima, que entonces se celebraban los dos en cuaresma. 

8 En realidad, Is 63,1-3.5, citado según la 3ª lectura del oficio de las Cinco Llagas. 

9 Teresa cita las tres primeras antífonas de Laudes del oficio de la Preciosísima Sangre. 

10 Cita de las antífonas 4 y 2 de Vísperas de los Siete Dolores y del primer responsorio de Maitines de esa misma fiesta. 

11 Noche Oscura, canción 8. Es la primera vez que Teresa se refiere explícitamente a san Juan de la Cruz; cf CG p.



Fuente: Obras completas, santa Teresa de Lisieux, cartas.




 

miércoles, 12 de septiembre de 2018

LOS CORAZONES PUROS ESTÁN A VECES RODEADOS DE ESPINAS, CARTA 105

 A Celina   10 de mayo de 1890 
J.M.J.T.    Jesús +  

Querida Celina:  
¿Estás contenta del viaje...? Espero que la Santísima Virgen te colme de sus gracias; si no son gracias de consuelo, serán sin duda gracias de luz... ¡Y la Santa Faz (1)...! ¿Sabes, Celina, que es una gracia muy grande el visitar todos esos lugares benditos...? Mi corazón querría seguirte a todas partes, pero, ¡ay!, no conozco el itinerario del viaje; incluso pensaba que no estaríais en Lourdes hasta la semana que viene.
 
NUESTRA SEÑORA DE LOURDES

Celina, debes disfrutar mucho contemplando la hermosura de la naturaleza, las montañas..., los ríos plateados, ¡todo eso es tan grandioso, tan a propósito para elevar nuestras almas...! ¡Sí, hermanita querida!, despeguémonos de la tierra, volemos a la montaña del amor donde se encuentra el hermoso Lirio de nuestras almas... ¡Despeguémonos de los consuelos de Jesús para adherirnos sólo a Él...! 

¿Y la Santísima Virgen? Celina, escóndete a la sombra de su manto virginal para que ella te virginice... ¡Es tan blanca y tan hermosa la pureza...! ¡Dichosos los corazones puros, porque ellos verán a Dios...! Sí, le verán incluso en la tierra, donde nada es puro, pero donde todas las criaturas se vuelven límpidas cuando se las mira a través de la Faz del más bello y más blanco de los lirios... 

Celina, los corazones puros están a veces rodeados de espinas..., viven con frecuencia en tinieblas. Entonces esos lirios creen haber perdido su blancura, piensan que las espinas que los rodean han llegado a desgarrar su corola... ¿Entiendes, Celina...? Los lirios entre espinas son los predilectos de Jesús, ¡en medio de ellos encuentra él sus delicias...! ¡Dichoso el que ha sido hallado digno de sufrir la tentación! 


T. del Niño Jesús de la santa Faz


Hubiera querido escribir a mi querida Leonia, pero me es imposible por falta de tiempo. Dile que rezo mucho por ella y que pienso mucho en mi madrina querida (2). Pensaba escribir también a Mariíta, pero no puedo; pido mucho a la Santísima Virgen que haga de ella un pequeño lirio que piense mucho en Jesús y se abandone, con todas sus miserias, en manos de la obediencia (3)... No me olvido de mi Juana... 

No hemos recibido nada del Canadá (4). Sor Inés de Jesús no puede escribir, debido a su retiro. 
 

Si no has comprado nada para nuestra Madre, podrías traerle una Virgen de Lourdes sin pintar, de 4 ó 5 francos.  





NOTAS  

1 En Tours. 


2 Madrina de confirmación, cf Ms A 37rº. 

3 Alusión a los escrúpulos de María Guérin. Cf Cta 92 y 93. 

4 Del P. Pichon.  



Fuente: Obras completas, santa Teresa de Lisieux, cartas.



jueves, 6 de septiembre de 2018

UNA FAMILIA DE LIRIOS, CARTA 104


A sor Inés de Jesús  5-6 de mayo de 1890 
J.M.J.T.  

Gracias por tu carta (1). ¡Sí, gracias...! 
No me sorprende que no tengas consuelo, pues Jesús es tan poco consolado que es feliz al encontrar un alma en la que pueda descansar sin cumplidos...  

FAMILIA DE SANTA TERESITA


¡Qué orgullosa me siento de ser tu hermana! Y también tu hijita, ya que fuiste tú quien me enseñó a amar a Jesús y a buscarlo sólo a él. 
y a menospreciar a todas las criaturas...  

De Celina no sé más que tú, e incluso menos, pues no sabía que lo está pasando mal (2); Celina nos habló de nuestro pobre papaíto y nos dijo también que rezáramos mucho por Leonia, pues lo está pasando mal a causa de su enfermedad (3); creo que a mi tío le parece peligroso pues lo tiene hinchado todo alrededor. 

Celina nos ha hablado de nuestro pobre papaíto, e indica que fue el sábado, día de la Invención de la Santa Cruz, cuando también nosotras encontramos nuestra cruz. 
Leonia estaba allí. Espera obtener la curación en la Santa Faz (4) o en Lourdes. Bajará a la piscina. ¡Pobre Leonia! Fue muy buena: quería privarse de venir al locutorio por complacer a Celina. .. Como tocaron a Vísperas, me marché. No sé cuándo llegarán a Tours, pero creo que la semana que viene estarán en Lourdes. Hay que escribir el lunes o el martes antes del mediodía para que la carta llegue el sábado. 

¡Ah, qué destierro es la tierra...! No debemos buscar en ella apoyo alguno fuera de Jesús, pues sólo él es inmutable. ¡Qué dicha pensar que él no puede cambiar...! ¡Qué alegría para nuestro corazón pensar que nuestra familia ama tan tiernamente a Jesús! Ese pensamiento me produce siempre gran consuelo: ¿no es nuestra familia una familia virginal, una familia de lirios...? Pídele a Jesús que el más pequeño, que el último de todos, no sea el último en amarlo con toda su capacidad de amor... 



NOTAS 
 
(1) He aquí el texto completo de ese billete: «Mi querido granito de arena, ¡no digas que yo soy tu antorcha! ¡Si supieses qué tinieblas! Pide mucho por mí, no me encuentro turbada, sino ¡sin un solo rayo de luz! Es como un cielo sin tormentas, sin relámpagos, pero cubierto de nubes... ¡Ni una estrella! ¿Y sabes lo que es un cielo sin estrellas?
  
«En el pie de la Cruz del P. Faber he leído que Nuestro Señor, la noche de la Pasión, fue tan maltratado por sus enemigos, que, sobre todo, las bofetadas que recibió fueron tan violentas, que luego le costaba trabajo abrir sus bellos ojos de lo dolorosa que le resultaba la luz del día... Granito de arena, en este amargo detalle encuentro yo un poco de consuelo: si nada brillante puede dar en los ojos lastimados de Jesús sin hacerlo sufrir, podrá muy bien pasearse por entre mis tinieblas sin demasiado sufrimiento... Querido granito de arena, tú estás muy cerca de mí; recordémonos las dos que en la tierra no puede haber más que sufrimiento para los que aman y buscan ardientemente el dulce Rostro de Jesús sufriente... ¡No seamos tan cobardes que queramos gozar llevando un amor tan grande en el corazón...! 

«Pero, Dios mío, ¡qué dulce será la Patria después de este destierro de luchas y de lágrimas! ¡Qué felicidad nos aguarda! ¡Qué esperanza la nuestra! ¡Contemplar la gran Visión de la eternidad iluminada, no por las antorchas de este mundo, sino por el Cordero divino! 

«Dame noticias de Celina. Nuestra Madre me dice que está sufriendo mucho. Y el itinerario del viaje. ¿Qué día llegan a Lourdes? ¿Y a la Santa Faz? ¿No es mañana?» (De sor Inés, LC 127, 5/5/1890). 

(2) Celina presenta algunos problemas cardíacos. 

(3) Sin duda el eccema que Leonia padece desde la infancia.

(4) En el Oratorio de la Santa Faz, en Tours.  

Fuente: Obras completas, santa Teresa de Lisieux



 

LA GLORIA DE MI JESÚS, SÓLO ESO , CARTA 103

 A sor Inés de Jesús   4 (?) de mayo de 1890 
J.M.J.T.    Jesús + 
 

Corderito querido, mi corazón te sigue a la soledad (1). ¿Sabes, «alondra ligera», que tienes un hilo atado a tu pata y que, por alto que subas, tendrás que arrastrar tu carga...? Pero un grano de arena (2) no pesa mucho, y, además, será más ligero si así se lo pides a Jesús...  


¡Y cómo desea ser reducido a la nada, ser ignorado por todas las criaturas! El pobrecito no desea ya nada, nada más que el OLVIDO...; ni siquiera el desprecio o las injurias, pues eso sería demasiado glorioso para un grano de arena. 
Si lo despreciasen, tendrían que verlo. 
Pero el OLVIDO...! Sí, deseo ser olvidada, y no sólo por las criaturas sino también por mí misma.

Quisiera ser reducida a la nada de tal modo, que no tuviera ya ningún deseo... La gloria de mi Jesús, ¡sólo eso! La mía, a él se la entrego. 
Y si parece olvidarme, pues bien, es muy libre de hacerlo, pues yo ya no soy mía sino suya... ¡Antes se cansará él de hacerme esperar que yo de esperarlo a él...! 

Cordero querido, ¿me comprendes...? Compréndelo todo, incluso lo que no logra expresar mi corazón. Tú, que eres una antorcha luminosa que Jesús me ha dado para alumbrar mis pasos por los senderos tenebrosos del exilio, compadécete de mi debilidad y escóndeme bajo tu velo para que participe de tu luz... Dile a Jesús que me mire, que sus dondiegos (3) penetren con sus rayos luminosos el corazón del grano de arena. Y, si no es demasiado, pídele también que la Flor de las flores entreabra su corola y que el sonido melodioso que sale de ella haga vibrar en mi corazón sus misteriosas enseñanzas... 

Cordero querido, ¡no olvides al grano de arena...! 
DONDIEGO DE NOCHE

 NOTAS:

1 Sor Inés de Jesús está haciendo desde el 1 de mayo unos ejercicios espirituales de diez días. 

 2 Santa Teresita se hacía llamar a ella mismo "grano de arena"
 3 «Belle de nuit», escribe Teresa, aludiendo a los ojos divinos de Jesús. «Dondiego: Planta exótica de la familia de las nictagináceas ... Es originaria del Perú y se cultiva en nuestros jardines por la abundancia de sus fragantes flores, que se abren al anochecer y se cierran al salir el Sol» (Dicc. de la Lengua Española, de la Real Academia). N. del T.  

Fuente: Cartas, Obras completas, santa Teresa de Lisieux
 

miércoles, 5 de septiembre de 2018

FORJAR SACERDOTES QUE SEPAN AMAR A JESÚS, CARTA 101

 A Celina  J.M.J.T.   31 de diciembre de 1889 
Querida Celina: 

¡Mi último adiós de este año va a ser para ti...! ¡Dentro de unas horas habrá pasado ya para siempre..., pertenecerá a la eternidad...! 

Como mi Celina ya está acostada (1), me toca a mí ir a su encuentro para desearle un feliz Año Nuevo... 

¿Te acuerdas de otros tiempos...?El año que acaba de pasar ha sido bueno; sí, ha sido un año precioso para el cielo. ¡Ojalá que el que le sigue se le pueda parecer...!  



Celina, no me extraña verte en la cama después de un año así. Al final de un día como ése, ¡hay mucho de qué descansar...! ¿Me comprendes...? ¡¡¡Tal vez el año que va a comenzar sea el último!!! ¡Aprovechémonos, aprovechemos sus más breves momentos, hagamos como los avaros, vivamos celosas de los más pequeños detalles por el Amado...! 
 

Nuestro último día del año es muy triste esta vez... Con el corazón lleno de recuerdos, quiero velar a la espera de la media noche... Lo evoco todo... Ahora somos huérfanas (2), pero podemos decir con amor: «Padre nuestro, que estás en el cielo». ¡Sí, nos queda todavía el único todo de nuestras almas...!  


¡Un año más que ha pasado...! ¡Celina!, ha pasado, pasado, y ya no volverá más. Como ha pasado este año pasará también nuestra vida, y pronto podremos decir también de ella: «Ha pasado». ¡No perdamos el tiempo, pronto la eternidad brillará para nosotras...! 

Celina, si quieres, convirtamos almas. ¡Tenemos que forjar este año muchos sacerdotes que sepan amar a Jesús...!, ¡que le toquen con la misma delicadeza con que le tocaba María en la cuna...!

Tu hermanita, 

Sor Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz.

Deseo también un feliz año nuevo a Loló (3), pero creo que la veré... Da un montón de gracias a mis tíos y diles que sus regalos me han llegado muy a lo hondo del alma. Dales también muchas gracias a Juana y a María, que son realmente demasiado bondadosas. 



NOTAS

1 Teresa escribe después de Maitines, antes de la hora santa, de once a doce de la noche, que las carmelitas pasaban ante el sagrario la víspera del primer día del año. 

2 Ya apenas existe posibilidad de comunicación entre el señor Martin y sus hijas, debido a su estado mental.  


3 Leonia.  

Fuente: Obras Completas, santa Teresa de Lisieux, cartas.

SANTA TERESITA FELICITA EL AÑO NUEVO A SUS TÍOS, CARTA 100

 A los señores Guérin   J.M.J.T. 
30 de diciembre de 1889 
Jesús + 


Queridos tíos: 

Luis Martin, el padre de santa Teresita en su silla de ruedas, rodeado de familiares


También vuestro benjamín quiere felicitaros, a su vez, el año nuevo... Igual que cada día tiene su última hora, así también cada año ve llegar su última noche. Y en la noche de este año me siento llevada a echar una mirada sobre el pasado y sobre el futuro. 

Mirando al tiempo que acaba de pasar, creo que tengo que dar gracias a Dios, pues si su mano nos ha presentado un cáliz de amargura, su corazón divino ha sabido sostenernos en la prueba y nos ha dada la fuerza necesaria para beber su cáliz hasta las heces... ¿Qué nos reserva para el año que va a empezar...? No me es dado penetrar este misterio, pero pido a Dios que recompense al ciento por uno a mis familiares queridos por todas las conmovedoras bondades que tienen con nosotras... 

El primer día del año es para mí todo un mundo de recuerdos... Aún veo a papá llenándonos de caricias... ¡Era tan bueno...! ¿Pero a qué evocar esos recuerdos? Nuestro padre querido ha recibido ya la recompensa de sus virtudes: Dios le ha enviado una prueba digna de él. 

Están dando las nueve, y tengo que terminar esta carta sin haber dicho nada de lo que hubiera debido. Espero que mis queridos parientes perdonarán a su Teresita, y sobre todo que sabrán disculpar su letra, que no hay quien la lea... 

¡Feliz Año Nuevo a mis queridas hermanitas...! Sobre todo, que María se ponga buena muy pronto. Me enfadaré con ella si la GRIPE le impide venir a vernos... 

Adiós, queridos tíos, su hijita les desea un feliz Año Nuevo y les abraza con todo su corazón, 


Sor Teresa del Niño Jesús 





Fuente: Obras completas, santa Teresa de Lisieux, cartas.


martes, 4 de septiembre de 2018

MURAMOS CON ÉL, CARTA 99

A Celina     J.M.J.T. 
El Carmelo, 22 de octubre de 1889 
Jesús + 


Mi querida Celina: 
¡Si supieras la pena que tengo al pensar que he dejado pasar el 21 sin felicitar el santo a mi Celina..! ¿Habrá dudado Celina del corazón de su Teresa...? Y sin embargo, hacía mucho tiempo que pensaba en esa fiesta tan querida; pero la vida del Carmelo es tan eremítica, que la pobre solitaria nunca sabe en qué día vive...  

CELINA

Celina, este olvido me ha dolido en el alma. Pero, ya ves, pienso que este año Jesús ha querido que nuestro santo sea el mismo día: ¿no es hoy la octava de santa Teresa? Sí, Celina, santa Teresa es también tu patrona, pues tú eres ya su hija querida... ¿Sabes una cosa? Esta pena que tengo hoy, yo la miro como algo dispuesto por Jesús. Porque él se complace en sembrar así de pequeñas penas nuestra vida... 
Te envío una hermosa estampa de la Santa Faz que nuestra querida Madre me dio hace algún tiempo. Creo que le cuadra tan bien a María de la Santa Faz (1), que no puedo guardarla para mí. Hace ya mucho tiempo que pensaba regalársela a mi Celina..., a mi Celina del alma... Que María de la Santa Faz sea otra Verónica que enjugue toda la sangre y las lágrimas de Jesús, su único amado; que le gane almas, sobre todo las almas que ella ama (2); que se empeñe con toda el alma en desafiar a los soldados, es decir al mundo, para llegar hasta Él... 

¡Qué feliz será cuando un día pueda contemplar en la gloria la bebida misteriosa con que habrá apagado la sed de su Prometido celestial, cuando vea que sus labios, antes resecos, se abren para decirle la palabra única y eterna del amor..., el gracias que no tendrá fin...! 

Hasta pronto, pequeña Verónica del alma. Mañana, sin duda, el Amado nos pedirá un nuevo sacrificio, un nuevo alivio para su sed. Pero ¿qué importa? Muramos con él... 

Felicidades, Celina querida... 

Tu pobre hermanita, 

Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz.


No te olvides de coger una florecita-Celina (3), es mi corazón quien te la ofrece...  


Flores de áster



NOTAS 

1 Nombre dado espontáneamente por Teresa a Celina. Cf Cta 149, 174 y 183; Or 12, infra, n. 1. 

2 Las almas de los sacerdotes. 

3 El áster, que florece en octubre. Cf Cta 124 y 132.