miércoles, 23 de mayo de 2018

VIVIR DE AMOR (Poesía)




En la última noche, la noche del amor, hablando claramente y sin parábolas, Jesús decía así:

«Si alguno quiere amarme, que guarde mi palabra,  que la guarde fielmente.
Mi Padre le amará, y vendremos a él, moraremos en él, será para nosotros una morada viva, será nuestro palacio. Pero también queremos que more él en nosotros, lleno de paz, que more en nuestro amor.»
 


¡Vivir de amor quiere decir
guardarte a ti, Verbo increado,
Palabra de mi Dios! Lo sabes, Jesús mío, yo te amo, me abrasa con su fuego tu Espíritu de Amor. 
Amándote yo a ti, atraigo al Padre,
mi débil corazón se entrega
a él sin reserva. 
¡Oh augusta Trinidad,
eres la prisionera,
la santa prisionera  de mi amor!

 ♥

 Vivir de amor vivir es de tu vida, glorioso Rey, delicia de los cielos.
Por mí vives oculto en una hostia,
por ti también, Jesús, vivir quiero escondida. Soledad necesitan los amantes, que hablen sus corazones noche y día. Me hace feliz tan sólo tu mirada, ¡vivo de amor! 

 ♥
 
 Vivir de amor no es en la cima del Tabor su tienda plantar el peregrino de la vida. Es subir al Calvario a zaga de las huellas de Jesús, y valorar la cruz como un tesoro...
En el cielo, mi vida será el gozo,
y el dolor será ido para siempre.
Mas aquí desterrada, quiero, en el sufrimiento, ¡vivir de amor!
 

 
 Vivir de amor es darse sin medida,
sin reclamar salario aquí en la tierra. ¡Ah, yo me doy sin cuento, bien segura de que en amor el cálculo no entre!
Lo he dado todo al corazón divino,
que rebosa ternura. Nada me queda ya... Corro ligera.
Ya mi única riqueza es,
y será por siempre ¡vivir de amor!
 

 
 Vivir de amor es disipar el miedo, aventar el recuerdo de pasadas caídas. De aquellos mis pecados no veo ya la huella, junto al fuego divino se han quemado... ¡Oh dulcísima hoguera, sacratísima llama, en tu centro yo fijo mi mansión. Y allí, Jesús, yo canto confiada y alegre: ¡vivo de amor!
  

 
 Vivir de amor guardar es, en sí misma, en un vaso mortal, un inmenso tesoro. Mi flaqueza es extrema, Amado mío, disto mucho de ser un ángel de los cielos. Mas si es verdad que caigo a cada paso, lo es también que tú vienes en mi ayuda y me levantas y tu gracia me das. ¡Vivo de amor!


Vivir de amor es navegar sin tregua
en las almas sembrado paz y gozo.
¡Oh mi Piloto amado!, la caridad me urge, Pues te veo en las almas,
mis hermanos. La caridad me guía,
ella es mi estrella, bogo siempre a su luz. en mi vela yo llevo grabada mi divisa: ¡Vivir de amor!
 

 
Vivir de amor es mientras Jesús
duerme permanecer en calma
en medio de la mar aborrascada.
No temas, ¡oh Señor!, que te despierte, espero en paz la orilla de los cielos... Pronto la fe desgarrará su velo
y habrá sido mi espera sólo un día.
La caridad me empuja, ella hinche
mi vela, ¡vivo de amor!


 
 Vivir de amor, Maestro amado mío,
es pedir que derrames tu luz y tu calor del sacerdote en el alma santa,
en su alma elegida.
¡Pueda ser él más puro que un serafín del cielo! Y protege también a tu Iglesia inmortal, no cierres tus oídos, Jesús,
a mi clamor. Hija suya soy yo, por mi Madre me inmolo, ¡vivo de amor!


 
Vivir de amor es enjugar tu rostro,
es a los pecadores alcanzar el perdón.  ¡Oh Dios de amor!, que vuelvan a tu gracia, que bendigan tu nombre eternamente. Hasta el alma me llega la blasfemia, para borrarla yo canto
cada día: ¡Oh nombre de mi Dios,
te adoro y amo, vivo de amor!
 

 
Vivir de amor es imitar, Jesús,
la hazaña de María cuando bañó
de lágrimas y perfumes preciosos tus fatigados y divinos pies y los besó arrobada, enjugándolos luego con
sus largos cabellos... Y alzándose del suelo, rompió el frasco y
tu cabeza María perfumó.
 ¡Oh Jesús, el perfume que yo doy a tu rostro es y será mi amor!
 

 
 «¡Vivir de amor, oh qué locura extraña  -me dice el mundo-, cese ya tu canto! ¡No pierdas tus perfumes, no derroches tu vida, aprende a utilizarlos con ganancia!» ¡Jesús, amarte es pérdida fecunda! Tuyos son mis perfumes para siempre. Al salir de este mundo cantar quiero: ¡muero de amor!

 
 ¡Morir de amor, dulcísimo martirio, 
y es el martirio que sufrir quisiera! Acordad, querubines, vuestras liras, siento que mi destierro va a acabar... Llama de amor, consúmeme sin tregua. ¡Oh vida de un momento,
muy pesada tu carga se me hace!
¡Oh divino Jesús!, haz realidad
mi sueño: ¡morir de amor!


 
 Morir de amor, es ésta mi esperanza, cuando vea romperse mis cadenas.
Mi Dios será mi recompensa grande, otros bienes no quiero poseer.
Quiero ser abrasada por su amor, quiero verle y unirme a él para siempre.  Este será mi cielo y mi destino: ¡¡¡Vivir de amor...!!! 


 


NOTAS:

Fecha: 26 de febrero de 1895. Composición espontánea.

«Vivir de amor - morir de amor» (cf un billete de la madre María de Gonzaga a Teresa de 1890, LC 144): ése es el núcleo de esta gran meditación, hecha en un momento en que Teresa adquiere la certeza de que morirá pronto y en que comienza su autobiografía, un punto de vista privilegiado sobre el presente, el pasado y el futuro. El hecho de que escriba espontáneamente un poema así es significativo.

Vivir de amor brotó de un solo tirón durante los largos ratos de oración ante el Santísimo Sacramento, expuesto los tres días de las Cuarenta Horas (domingo, lunes y martes que preceden al miércoles de ceniza) para reparar los excesos del carnaval antes de entrar en la Cuaresma.  

Las monjas se turnan cada hora de dos en dos ante la custodia. Sólo está iluminado el altar de la capilla, mientras el coro de las carmelitas permanece en penumbra. Prácticamente no pueden leer. Y en este clima de ferviente intimidad es donde el canto Vivir de amor fluye del alma de Teresa: un río de paz, inmenso, tranquilo, que cada estrofa va engrosando como un afluente sin perturbar su curso.

Fuente:
Obras completas, santa Teresa de Lisieux, poesías
 

 

martes, 22 de mayo de 2018

PRIMERA CARTA DE TERESITA A SU PADRE DESPUÉS DE SU ENTRADA EN EL CARMELO, CARTA 46

LUIS MARTÍN, PADRE DE TERESITA

J.M.J.T.1 

Domingo, 29 de abril de 1888 

Querido papaíto: 


¡Qué bueno eres con tu Reinecita! No pasa casi un día sin que ella reciba un presente de su Rey. 

Gracias por todo, papaíto. ¡Si supieras cuánto te quiere la Huerfanita de la Berezina! [1] Pero no, sólo en el cielo lo sabrás. Allí es donde veremos bellas estatuas sobre bellas cornisas, y entonces sí que podremos, realmente, caer en éxtasis. Y además, ¡qué guía para hacernos visitar las maravillas del cielo! Pienso que muchos santos tendrán en su nimbo una cruz bizantina. Lo único que no veremos serán sarcófagos, porque en el cielo ya no habrá tumbas.  





Papaíto querido, veo que ya va a ser la hora y te tengo que dejar, pero antes quiero abrazarte desde lejos con todo el corazón. 

También la Perla fina te manda un fuerte abrazo. ¡Si supieras, papá, lo preciosa que es tu Perla fina! El brillante Diamante, la Bohemia, te abraza también de todo corazón. 


Adiós y gracias, papaíto. Tu Reinecita, que por fin ha sido «sacada de debajo de la carreta» (2)

Teresa del Niño Jesús 



 
NOTAS:
1 En esta primera carta que Teresa envía a su padre después de su entrada en el Carmelo el 9 de abril, acumula a placer los sobrenombres cariñosos que el señor Martin daba a sus hijas: «Reinecita» (que aparece cincuenta veces en las cartas de la postulante); «Huerfanita de la Berezina» (sacado de una novela que leían en los Buissonnets, «Perla fina», que era Paulina,  «Diamante», María (del Sagrado Corazón) «Bohemia», que es también María. 


2 Expresión local que quería decir: «Ya estás a salvo de los peligros del mundo» (Nota de la madre Inés). 


Fuente: Obras completas, santa Teresa de Lisieux, cartas.

A SAN JOSÉ


 
Vuestra admirable vida en la sombra, José,
se deslizó humilde y escondida,
¡pero fue augusto privilegio vuestro
contemplar muy de cerca la belleza
de Jesús y María!


Estribillo:
José, tierno Padre,
protege al Carmelo.


Que en la tierra tus hijos
gocen ya la paz del cielo } bis


¡Más de una vez, el que es Hijo de Dios,
y entonces era niño y sometido en todo
a la obediencia vuestra, sobre el dulce
refugio de vuestro pecho amante
descansó con placer!


  Y como vos, nosotros, en la tranquila
soledad, servimos a María y Jesús,
nuestro mayor cuidado es contentarles,
no deseamos más.


  A vos, Teresa, nuestra santa Madre,
acudía amorosa y confiada en la necesidad,
y asegura que nunca su plegaria
dejasteis de escuchar.


 Tenemos la esperanza de que un día,
cuando haya terminado la prueba de esta vida,
al lado de María iremos, Padre, a veros.


Estribillo:
Bendecid, tierno Padre, nuestro Carmelo,
y tras el destierro de esta vida
¡reunidnos en el cielo! }bis

 

 
Notas:
Fecha: 1894. - Compuesta para: sor María de la Encarnación (Josefina Lecouturier), a petición de ésta. - Publicación: HA 98 (cinco versos corregidos). - Melodía: Nous voulons Dieu.


No sabemos nada acerca de las circunstancias de esta composición, pero data con seguridad de 1894. La vida escondida de san José, hecha de contemplación y de servicio a Jesús y a María, en pobreza y en soledad, es un buen ejemplo para las carmelitas (cf TERESA DE JESUS, Vida, cap. 6). 


Fuente: Obras completas, santa Teresa de Lisieux, poesías.

 

 

lunes, 21 de mayo de 2018

SUFRIMIENTOS OCULTOS DE SANTA TERESITA EN EL CARMELO

Paulina le pide a santa Teresita, ya enferma, que le hablara sobre su vida en el Carmelo:

"Le pedía que me detallase los oficios que había tenido en el Carmelo". 

"A entrar en el Carmelo, me destinaron a la ropería con la madre subpriora (sor María de los Angeles), y además tenía que barrer la escalera y el dormitorio. 
Recuerdo que me costaba mucho pedir permiso a la maestra de novicias para hacer mortificaciones en el refectorio, pero nunca cedí a mi penitencia; me parecía que el crucifijo del patio, que yo veía por la ventana de la ropería, se volvía hacia mí pidiéndome ese sacrificio.  




Fue por esa época cuando iba a segar la hierba, a las cuatro y media, cosa que no le gustaba a nuestra Madre. 


Después de la toma de hábito, me destinaron al refectorio hasta la edad de 18 años; lo barría y ponía el agua y la cerveza.
En las Cuarenta Horas de 1891, me pusieron en la sacristía con sor San Estanislao.
A partir del mes de junio del año siguiente, estuve dos meses sin oficio, es decir, durante ese tiempo pinté los ángeles del oratorio e hice de tercera de la procuradora.

Después de esos dos meses, me pusieron en el torno con sor San Rafael, sin dejar la pintura. Estos dos oficios duraron hasta las elecciones de 1896, fecha en que pedí ayudar a sor María de San José en la ropería, en las circunstancias que tú ya conoces" ... 



Luego me contó cómo la consideraban lenta, poco diligente en los oficios, y yo misma lo creía así;
y, en efecto, las dos juntas recordamos cuánto la reñí un día por un mantel del refectorio que ella había guardado mucho tiempo en su cesta, sin repasar.


Yo la acusaba de negligencia, y me equivocaba, pues era que no le había dado tiempo. En aquella ocasión, sin excusarse en absoluto, había llorado mucho al verme enfadada y descontenta...
¡¡¡Que haya sido posible!!! 

Me dijo también lo que había sufrido conmigo en el refectorio (yo era entonces su primera de oficio) al no poder hablarme de sus cosillas, como en otros tiempos, porque no tenía permiso y por otras razones... 
Hasta tal punto, que tú habías llegado a no conocerme ya, añadió. 

Me habló de lo que tenía que violentarse para quitar las telas de araña del cuarto oscuro de San Alejo, debajo de la escalera (tenía verdadero horror a las arañas) y otros mil detalles que me hacían ver lo fiel que había sido en todo y lo que había sufrido sin que nadie lo sospechara.  


Fuente: Obras completas, santa Teresa de Lisieux






 

HERMOSA POESÍA QUE COMPUSO SANTA TERESITA UNA NOCHE PARA COMULGAR

Durante la noche del 12, compuso esta copla para prepararse para la comunión: 

Tú que conoces mi infinita nada

y no vacilas en bajarte a mí,
ven a mi corazón, ¡oh blanca hostia!, ven a mi corazón que aspira a ti. 

De tu bondad, Señor,

yo solicito morir de amor
tras tanta dignación.
Oye, Jesús, de mi ternura el grito.
¡Ven a mi corazón!  





Fuente:
Obras completas, santa Teresa de Lisiueux, últimas conversaciones.
 

CÓMO VENCIÓ SANTA TERESITA LA TENTACIÓN DE NO OBEDECER CUANDO UNA HERMANA LE MANDÓ ALGO QUE NO LE CORRESPONDÍA MANDAR


Su hermana Paulina (Madre Inés), dice:
Me contó (santa Teresita) que en una ocasión había tenido que librar un duro combate interior a propósito de una lamparilla que tenía que preparar para la familia de la madre María de Gonzaga que acababa de llegar de improviso a dormir en la casa de las hermanas torneras.

La lucha fue tan violenta, y le venían tales pensamientos contra la autoridad, que para no sucumbir hubo de implorar insistentemente la ayuda de Dios. Al mismo tiempo, se aplicaba lo mejor que podía a lo que le habían encomendado. Era durante el silencio nocturno. Ella era la portera, y sor San Rafael su primera de oficio. 

Para vencerme, pensé que estaba preparando la lamparilla para la Santísima Virgen y el Niño Jesús. Entonces, lo hice con increíble esmero, no dejando ni una sola mota de polvo, y poco a poco fui sintiendo un gran sosiego y una gran calma interior.




Tocaron a Maitines y no pude ir enseguida, pero me sentía en una tal disposición interior, había recibido una gracia tan grande, que si la hermana San Rafael, por ejemplo, hubiese venido a decirme que me había equivocado de lámpara y que había que preparar otra, la habría obedecido con la mayor alegría. A partir de aquel día, hice el propósito de no pararme nunca más a pensar si lo que me mandaban me parecía útil o no. 

Fuente:
Obras completas, santa Teresa de Lisiueux,  últimas conversaciones.

martes, 8 de mayo de 2018

LA REINA DEL CIELO A SU HIJA QUERIDA MARÍA DE LA SANTA FAZ


Yo buscando estoy a un niño
que a mi Jesús se parezca,
a mi único Cordero (1),
para esconder a los dos
en una misma cunita.
 
Los ángeles de la patria
envidiarían tal suerte (2);
mas yo te la doy a ti:
 María, este niño Dios
tu Dios y esposo será.

Te escojo para que seas
de mi Jesús hermanita.
¿Deseas acompañarle?
¡Posarás en mi regazo!

Te esconderá bajo el manto
que cubre al Rey de los cielos.
Para tus ojos, mi Hijo
será ya brillante estrella.

 Para que mi manto pueda
cubrirte junto a Jesús,
tienes que ser pequeñita,
con virtudes infantiles (4).

Quiero que en tu frente brillen
la dulzura y la pureza.
Mas sobre todo te doy
por virtud la sencillez.

 El Dios Uno en Tres personas,
que el ángel temblando adora,
quiere que sólo le des
por nombre «Flor de los campos».

Como blanca margarita
que vive mirando al cielo,
tú has de ser la flor sencilla
del Niño de navidad.

El mundo desconocía (5)
los encantos de este Rey
que se desterró del cielo (6).
Muchas veces tú verás
cómo en sus dulces ojitos
las lágrimas brillan ya.

Tendrás que olvidar tus penas
para alegrar a mi Niño,
bendecir con alegría
los nobles lazos que te atan
y cantar muy suavemente...

El Dios todopoderoso
que calma a al mar rugiente,
tomando rasgos de niño
se ha hecho débil y pequeño.

El Verbo, que es la palabra,
Palabra eterna del Padre,
que por ti aquí se destierra,
mi dulce Cordero, que es
también tu pequeño hermano,
¡oh, niña, no te hablará!

El silencio es la primera
prenda del amor callado.
Comprendiendo su lenguaje,
deberás siempre imitarle.

Y si alguna vez se duerme,
cerca de él descansarás.
Su corazón vela siempre
y te servirá de apoyo
para poder descansar.

No te inquiete la labor
que has de cumplir cada día;
tu solo quehacer, María,
en la vida es el amor.

Puedes decir a quien diga
que tus obras no se ven:
«amo mucho, y en la vida
el amor es mi quehacer».

Jesús hará tu corona (7)
si sólo buscas su amor.
Un día te hará reinar
si le das tu corazón.

Tras la noche de esta vida
verás su dulce mirada,
y a aquella cumbre de arriba
volará tu alma veloz...


Noche de Navidad de 1894
(Melodía: Sur le grand mât d'une corvette)





NOTAS P 13 - LA REINA DEL CIELO A SU HIJA QUERIDA MARÍA DE LA SANTA FAZ

Fecha: 25 de diciembre de 1894. - Compuesta para: Celina, postulante con el nombre de María de la Santa Faz; composición espontánea. - Publicación: HA 98 (diecisiete versos retocados). - Melodía: Le petit mousse noir.

La frescura de una canción de Navidad, pero también una poesía estructurada, meticulosa, de palabras escogidas, un pequeño tratado sobre la infancia y la omnipotencia. Teresa compone esta poesía para consolar a su hermana, cuyas cualidades no parecían reconocerse demasiado en el Carmelo; el éxito será completo (cf los seis relatos de Celina, especialmente CSG, pp. 50 y 151).

En realidad, Teresa apunta mucho más alto: después de María de la Trinidad, quiere arrastrar a «María de la Santa Faz» por el camino de la infancia. Este canto de Navidad es también un canto de Nazaret, de la vida escondida. La presencia de María es un elemento primordial para la iniciación en la sencillez, en el silencio del amor, en el parecido (1,1) con «el único cordero», con el Verbo hecho niño. 

(1) Cf P 7,4+.

(2) Cf P 2+.

(3) El velo -o el manto- de la Santísima Virgen, bajo el que podemos cubrirnos (4,2; 51), o escondernos (P 1,1; aquí estr. 4; Cta 161; RP 8, 6rº), o descansar (PN 5,11,3 = P 4,11,3), o dormirse (P 27,8; 35,12) es el símbolo de la completa seguridad para el niño, el lugar del perfecto abandono.

(4) La estrofa 6 hablará de grandes virtudes, pero de unas virtudes que son las de la infancia. El vocabulario no debe llamarnos a engaño: estas «virtudes infantiles» exigen un abandono total de sí mismo. Cf Or 14, nota 4+. 

(5) Las estrofas 9-14 presentan un entramado de temas bastante sutil y una prosecución de ideas polifónicas que, tras las imágenes de la infancia, anuncian ya el futuro trágico de Jesús. Desconocer: cf RP 2,3rº y 7vº; 4,1vº; 5,2rº; Cta 108 (Is 53,2).

(6) Excepto en P 15,5 (huída a Egipto), destierro en Teresa designa la Encarnación (P 1,1; 15,1; 19,1; Cta 141; Ms B 5vº; RP 2,1rº; RP 5,1rº; RP 6,2vº). Teresa, al parecer, nunca tiene en cuenta que Jesús, al encarnarse, vino a su casa. 

(7) Cf Cta 143, nota 5.


 

CONFIANZA DE SANTA TERESITA EN EL PERDÓN DE DIOS


Podría creerse que si tengo una confianza tan grande en Dios es porque no he pecado.
Madre mía, di muy claro que, aunque hubiera cometido todos los crímenes posibles, seguiría teniendo la misma confianza;
sé que toda esa multitud de ofensas sería como una gota de agua arrojada en una hoguera encendida.


Y luego cuenta la historia de la pecadora convertida que murió de amor. Las almas comprenderán enseguida, pues es un ejemplo palpable de lo que quiero decir. Pero estas cosas no pueden explicarse. 

 ***
Este es el dato que me dictó textualmente: 
 


 «Se cuenta en la vida de los Padres del desierto que uno de ellos convirtió a una pecadora pública cuyos desórdenes escandalizaban a toda la comarca.
Esta pecadora, tocada por la gracia, seguía al santo al desierto para hacer allí una rigurosa penitencia, cuando, la primera noche del viaje, antes incluso de haber llegado al lugar de su retiro, sus lazos mortales se rompieron por la impetuosidad de su arrepentimiento lleno de amor, y en aquel mismo instante el solitario vio cómo su alma era llevada por los ángeles al seno de Dios.
Este es un ejemplo palpable de lo que quiero decir, pero estas cosas no pueden explicarse...».

Fuente: Obras completas, últimas conversaciones, santa Teresa de Lisieux

miércoles, 2 de mayo de 2018

SANTA TERESITA SE EMOCIONA AL VER UNA GALLINA CON SUS POLLUELOS Y LOS COMPARA CON EL AMOR DE DIOS PARA CON ELLA


Cuenta su hermana Celina de Santa Teresita, estando ya cercana su muerte:
 Al bajar las escaleras, vio a la derecha, bajo el níspero, la gallinita blanca que tenía a todos sus polluelos recogidos bajo sus alas.
Algunos sólo enseñaban su cabecita.

Se paró a contemplarlos, muy pensativa. Al cabo de un poco, yo le hice señas de que era hora de volver. Tenía los ojos llenos de lágrimas. Le dije: «¡Estás llorando!». Entonces se cubrió los ojos con la mano, llorando más todavía, y me respondió: 
-En este momento no puedo decirte por qué, estoy demasiado emocionada... 

Por la noche, en su celda, me dijo con una expresión celestial: 
-He llorado al pensar que Dios escogió esa comparación para hacernos creer en su ternura. ¡Eso es lo que ha hecho conmigo durante toda mi vida! ¡Me ha escondido totalmente bajo sus alas...!

Luego, al separarnos, lloraba mientras subía la escalera, sin poder ya contenerme, y tenía prisa por volver a la celda. Mi corazón rebosaba de amor y de gratitud. 



Fuente: Obras completas, santa Teresa de Lisieux



 

miércoles, 25 de abril de 2018

FIESTAS Y DOMINGOS EN FAMILA (EN LOS BUISSONNETS, 1877 - 1881) MANUSCRITO A


¡Las fiestas...! ¡Cuántos recuerdos me trae esta palabra...! ¡Cómo me gustaban las fiestas...! Tú, Madre querida, sabías explicarme tan bien todos los misterios que en cada una de ellas se encerraban, que eran para mí auténticos días de cielo.

Me gustaban, sobre todo, las procesiones del Santísimo.
¡Qué alegría arrojar flores al paso del Señor...! Pero en vez de dejarlas caer, yo las lanzaba lo más alto que podía, y cuando veía que mis hojas deshojadas tocaban la sagrada custodia, mi felicidad llegaba al colmo...

¡Las fiestas! Si bien las grandes eran raras, cada semana traía una muy entrañable para mí.: «el domingo». ¡Qué día el domingo...! Era la fiesta de Dios, la fiesta del descanso.

Empezaba por quedarme en la cama más tiempo que los otros días; además, mamá Paulina mimaba a su hijita llevándole el chocolate a la cama, y después la vestía como a una reinecita... 

La madrina venía a peinar los rizos de su ahijada, que no siempre era buena cuando le alisaban el pelo, pero luego se iba muy contenta a coger la mano de su rey, que ese día la besaba con mayor ternura aún que de ordinario. 

Después toda la familia iba a misa. Durante todo el camino, y también en la iglesia, la reinecita de papá le daba la mano. Su sitio estaba junto al de él, y cuando teníamos que sentarnos para el sermón, había que encontrar también dos sillas, una junto a otra. Esto no resultaba muy difícil, pues todo el mundo parecía encontrar tan entrañable el ver a un anciano tan venerable (en 1880 el señor Martin tenía cincuenta y siete años)con una hija tan pequeña, que la gente se apresuraba a cedernos el asiento.


Mi tío, que ocupaba los bancos de los mayordomos, gozaba al vernos llegar y decía que yo era su rayito de sol...

No me preocupaba lo más mínimo que me mirasen. Escuchaba con mucha atención los sermones, aunque no entendía casi nada. El primero que entendí, y que me impresionó profundamente, fue uno sobre la pasión, predicado por el Sr. Ducellier, y después entendí ya todos los demás.


Cuando el predicador hablaba de santa Teresa, papá se inclinaba y me decía muy bajito: «Escucha bien, reinecita, que está hablando de tu santa patrona». Y yo escuchaba bien, pero miraba más a papa que al predicador. ¡Me decía tantas cosas su hermoso rostro...! A veces sus ojos se llenaban de lágrimas que trataba en vano de contener. Tanto le gustaba a su alma abismarse en las verdades eternas, que parecía no pertenecer ya a esta tierra... Sin embargo, su carrera estaba aún muy lejos de terminar: tenían que pasar todavía largos años antes de que el hermoso cielo se abriera ante sus ojos extasiados y de que el Señor enjugara las lágrimas de su servidor fiel y cumplidor...

Pero vuelvo a mi jornada del domingo. Aquella alegre jornada, que pasaba con tanta rapidez, tenía también su fuerte tinte de melancolía.


Recuerdo que mi felicidad era total hasta Completas (en aquella época se rezaban inmediatamente después de Vísperas, al principio de la tarde).





Durante esta Hora del Oficio, me ponía 
a pensar que el día de descanso se iba a terminar, que al día siguiente había que volver a empezar la vida normal, a trabajar, a estudiar las lecciones, y mi corazón sentía el peso del destierro de la tierra... y suspiraba por el descanso eterno del cielo, por el domingo sin ocaso de la patria...

Hasta los paseos que dábamos antes de volver a los Buissonnets dejaban en mi alma un sentimiento de tristeza. En ellos la familia ya no estaba completa, pues papá, por dar gusto a mi tío, le dejaba a María o a Paulina la tarde de los domingos.

Sólo me sentía realmente contenta cuando me quedaba yo también. Prefería eso a que me invitasen a mí sola, pues así se fijaban menos en mí. 

Mi mayor placer era oír hablar a mi tío, pero no me gustaba que me hiciese preguntas, y sentía mucho miedo cuando me ponía sobre una de sus rodillas y cantaba con voz de trueno la canción de Barba Azul...
  




Cuando papá venía a buscarnos, me ponía muy contenta. Al volver a casa, iba mirando las estrellas, que titilaban dulcemente, y esa visión me fascinaba... Había, sobre todo, un grupo de perlas de oro en las que me fijaba muy gozosa, pues me parecía que tenían forma de T (poco más o menos esta forma ). Se lo enseñaba a papá, diciéndole que mi nombre estaba escrito en el cielo, y luego, no queriendo ver ya cosa alguna de esta tierra miserable, le pedía que me guiase él. Y entonces, sin mirar dónde ponía los pies, levantaba bien alta la cabeza y caminaba sin dejar de contemplar el cielo estrellado... 

¿Y qué decir de las veladas de invierno, sobre todo de las de los domingos? ¡Cómo me gustaba sentarme con Celina, después de la partida de damas, en el regazo de papá...! Con su hermosa voz, cantaba tonadas que llenaban el alma de pensamientos profundos..., o bien, meciéndonos dulcemente, recitaba poesías impregnadas de verdades eternas. 

Luego subíamos para rezar las oraciones en común, y la reinecita se ponía solita junto a su rey, y no tenía más que mirarlo para saber cómo rezan los santos...  



Santa Teresita con sus padres, Celia Guerin y Luis Martín

Finalmente, íbamos todas, por orden de edad, a dar las buenas noches a papá y a recibir un beso. La reina iba, naturalmente, la última, y el rey, para besarla, la cogía por los codos, y ella exclamaba bien alto: «Buenas noches, papá, hasta mañana, que duermas bien». Y todas las noches se repetía la escena...


Después mi mamaíta me cogía en brazos y me llevaba hasta la cama de Celina, y yo entonces le decía: «Paulina, ¿he sido hoy bien buenecita...? ¿Vendrán los angelitos a volar a mi alrededor ?» La respuesta era siempre sí, pues de otro modo me hubiera pasado toda la noche llorando...


Después de besarme, al igual que mi querida madrina, Paulina volvía a bajar y la pobre Teresita se quedaba completamente sola en la oscuridad. Y por más que intentaba imaginarse a los angelitos volando a su alrededor, no tardaba en apoderarse de ella el terror; las tinieblas le daban miedo, pues desde su cama no alcanzaba a ver las estrellas que titilaban dulcemente...

Considero una auténtica gracia el que tú, Madre querida, me hayas acostumbrado a superar mis miedos. A veces me mandabas sola, por la noche, a buscar un objeto cualquiera en alguna habitación alejada. De no haber sido tan bien dirigida, me habría vuelto muy miedosa, mientras que ahora es difícil que me asuste por nada... 


A veces me pregunto cómo pudiste educarme con tanto amor y delicadeza, y sin mimarme, pues la verdad es que no me dejabas pasar ni una sola imperfección. Nunca me reprendías sin motivo, pero tampoco te volvías nunca atrás de una decisión que hubieras tomado. Tan convencida estaba yo de esto, que no hubiera podido ni querido dar un paso si tú me lo habías prohibido.



Paulina

Hasta papá se veía obligado a someterse a tu voluntad. Sin el consentimiento de Paulina, yo no salía de paseo; y si cuando papá me pedía que fuese, yo respondía: «Paulina no quiere», entonces él iba a implorar gracia para mí. A veces Paulina, por complacerlo, decía que sí, pero Teresita leía en su cara que no lo decía de corazón y entonces se echaba a llorar y no había forma de consolarla hasta que Paulina decía que sí y la besaba de corazón. 

Cuando Teresita caía enferma, como le sucedía todos los inviernos, es imposible decir con qué ternura maternal era cuidada. Paulina la acostaba en su propia cama (merced incomparable) y le daba todo lo que le apetecía. Un día, Paulina sacó de debajo de la almohada una preciosa navajita suya y se la regaló a su hijita, dejándola sumida en un arrobamiento imposible de describir. -«¡Paulina!, exclamó, ¿así que me quieres tanto, que te privas por mí de tu preciosa navajita que tiene una estrella de nácar...? Y si me quieres tanto, ¿sacrificarías también tu reloj para que no me muriera...» -«No sólo sacrificaría mi reloj para que no te murieras, sino que lo sacrificaría ahora mismo por verte pronto curada». Al oír esas palabras de Paulina, mi asombro y mi gratitud llegaron al colmo... 

En verano, a veces tenía mareos, y Paulina me cuidaba con la misma ternura. Para distraerme -y éste era el mejor de los remedios-, me paseaba en carretilla alrededor del jardín; y luego, bajándome a mí, ponía en mi lugar una matita de margaritas y la paseaba con mucho cuidado hasta mi jardín, donde la colocaba con gran solemnidad...

Paulina era quien recibía todas mis confidencias íntimas y aclaraba todas mis dudas... En cierta ocasión, le manifesté mi extrañeza de que Dios no [19vº] diera la misma gloria en el cielo a todos los elegidos y mi temor de que no todos fueran felices. Entonces Paulina me dijo que fuera a buscar el vaso grande de papá y que lo pusiera al lado de mi dedalito, y luego que los llenara los dos de agua. Entonces me preguntó cuál de los dos estaba más lleno. Yo le dije que estaba tan lleno el uno como el otro y que era imposible echar en ellos más agua de la que podían contener. Entonces mi Madre querida me hizo comprender que en el cielo Dios daría a sus elegidos tanta gloria como pudieran contener, y que de esa manera el último no tendría nada qué envidiar al primero. Así, Madre querida, poniendo a mi alcance los más sublimes secretos, sabías tú dar a mi alma el alimento que necesitaba...


¡Con qué alegría veía yo llegar cada año la entrega de premios...! Entonces como siempre, se hacía justicia, y yo no recibía más recompensas que las que había merecido. Sola y de pie en medio de la noble asamblea, escuchaba la sentencia, que era leída por el rey de Francia y Navarra. El corazón me latía muy fuerte al recibir los premios y la

corona..., ¡era para mí como una imagen del juicio...! Inmediatamente después de la entrega, la reinecita se quitaba su vestido blanco, y se apresuraban a disfrazarla para que tomara parte en la gran representación...!  


Fuente: Historia de un alma (autobiografía de santa Teresa de Lisieux)

EL DESEO DE SANTA TERESITA: SUFRIR SIEMPRE POR JESÚS, CARTA 43


 A sor Inés de Jesús
18 (?) de marzo de 1888 

Querida Paulina: 

Me hubiera gustado escribirte enseguida para darte las gracias por tu carta, pero me fue imposible, he tenido que esperar hasta hoy. 

¡Si supieras, Paulina, qué verdad tan grande es que en todos los cálices ha de mezclarse una gota de hiel! Pero creo que las tribulaciones ayudan mucho a despegarse de la tierra y nos hacen mirar más allá de este mundo.

Aquí abajo nada puede llenarnos, sólo podemos gustar un poco de reposo cuando estamos dispuestos a cumplir la voluntad de Dios. 

A mi navecilla le cuesta mucho llegar a puerto. Hace ya mucho tiempo que diviso la orilla, y aún me encuentro lejos de ella; pero es Jesús quien guía mi barquilla, y estoy segura de que el día que él quiera la hará arribar felizmente a puerto.  




Paulina querida, cuando Jesús me deje en la ribera bendita del Carmelo, quiero entregarme a él por entero, no quiero vivir más que para él.

No, no temeré sus golpes, porque, hasta en los más amargos sufrimientos, siento siempre que es su dulce mano la que golpea.
Lo experimenté muy bien en Roma, en el momento mismo en que hubiera creído que la tierra se iba a hundir bajo mis pies.
 

Sólo deseo una cosa para cuando esté en el Carmelo: sufrir siempre por Jesús.
La vida pasa tan deprisa que, realmente, vale más lograr una corona muy bella con un poco de dolor, que una ordinaria sin dolor.
¡Cuándo pienso que por un solo sufrimiento soportado con alegría se amará mejor a Dios durante toda la eternidad!
Además, con el sufrimiento podemos salvar almas. Paulina, ¡qué feliz me sentiría si en el momento de la muerte pudiese yo tener un alma que ofrecer a Jesús! Habría un alma arrancada al fuego del infierno que bendeciría a Dios por toda la eternidad. 

Querida hermanita, veo que aún no te he hablado de tu carta, que, sin embargo, me gustó muchísimo. Paulina, me siento muy dichosa de que Dios me haya dado una hermana como tú. Espero que rezarás por tu pobre hijita, para que corresponda a las gracias que Jesús tiene a bien concederle. Necesita mucho de tu ayuda, pues está MUY LEJOS de ser lo que quisiera. 

Dile a mi querida madrina que me acuerdo mucho de ella; quisiéramos saber cuándo va a hacer su profesión en el interior (
Sor María del Sagrado Corazón hará la profesión «en el interior», es decir en la sala capitular, el día 22 de mayo).

Celina te manda un fuerte abrazo. A esta pobre hermanita nuestra le duele mucho un pie, creo que no va a poder ir a vísperas. En casa de nuestro tío, casi todos están enfermos.

Verdaderamente, la vida no es alegre, resulta muy difícil apegarse a ella. 

Adiós, Paulina querida, mi confidente. Hasta el lunes de Pascua (El 2 de abril, primer día de locutorio después de la cuaresma), pero sobre todo hasta el 9 de abril (Fecha de su entrada en el Carmelo)... Un abrazo de mi parte para nuestra QUERIDA Madre (
Madre María de Gonzaga).



  

Fuente: 
Obras completas, santa Teresa de Lisieux, cartas.



 

viernes, 20 de abril de 2018

PRIMERA CONFESIÓN (EN LOS BUISSONNETS, 1877 - 1881) MANUSCRITO A



Fue también un miércoles cuando vino a visitarnos el Sr. Ducellier (párroco de la catedral de san Pedro).
Cuando Victoria le dijo que no había nadie en casa, más que Teresita, entró a la cocina para verme, y estuvo mirando mis deberes. Me sentí muy orgullosa de recibir a mi confesor, pues había hecho poco antes mi primera confesión. 

¡Qué dulce recuerdo aquel...! ¡Con cuánto esmero me preparaste, Madre querida, diciéndome que no era a un hombre a quien iba a decir mis pecados, sino a Dios! Estaba profundamente convencida de ello, por lo que me confesé con gran espíritu de fe, y hasta te pregunté si no tendría que decirle al Sr. Ducellier que lo amaba con todo el corazón, ya que era a Dios a quien le iba a hablar en su persona...

Bien instruida acerca de todo lo que tenía que decir y hacer, entré al confesonario y me puse de rodillas; pero al abrir la ventanilla, el Sr. Ducellier no vio a nadie:

yo era tan pequeña, que mi cabeza quedaba por debajo de la tabla de apoyar las manos.
Entonces me mandó ponerme de pie. Obedecí en seguida, me levanté y, poniéndome exactamente frente a él para verle bien, me confesé como una persona mayor, y recibí su bendición con gran fervor, pues tú me habías dicho que en esos momentos las lágrimas del Niño Jesús purificarían mi alma.



Recuerdo que en la primera exhortación que me hizo me invitó, sobre todo, a que tener devoción a la Santísima Virgen, y yo prometí redoblar mi ternura hacia ella. Al salir del confesonario, me sentía tan contenta y ligera, que nunca había sentido tanta alegría en mi alma.
Después volví a confesarme en todas las fiestas importantes, y cada vez que lo hacía era para mí una verdadera fiesta. 



Fuente:
Historia de un alma, autobiografía de santa Teresa de Lisieux

 

jueves, 19 de abril de 2018

LOS SANTOS ME CONOCEN Y ME AMAN

26 de mayo 

Víspera de la Ascensión.

Esta mañana, durante la procesión , estaba yo en la ermita de san José y miraba de lejos por la ventana a la comunidad en la huerta.

Era fantástica esa procesión de religiosas con capas blancas; me hacía pensar en el cortejo de las vírgenes en el cielo.



Al doblar el paseo de los castaños, os veía a todas medio tapadas por las altas hierbas y por los capullos dorados del prado.
Era cada vez más delicioso. 


Y de pronto, entre esas religiosas veo a una, de las más elegantes, que mira hacia mí y se inclina sonriendo para hacerme una seña de que me había visto. ¡Era mi Madrecita! Inmediatamente me acordé de mi sueño: la sonrisa y las caricias de la madre Ana de Jesús (santa Teresita tuvo un sueño con la venerable Ana de Jesús, un sueño que más bien parecía una visión, donde santa Teresita se sintió amada por los santos del cielo) y sentí que me invadía la misma impresión de dulzura que entonces.

Y pensé: ¡De modo que los santos me conocen, me aman, me sonríen desde lo alto y me invitan a reunirme con ellos! 

Entonces se me saltaron las lágrimas... Hace muchos años que no había llorado tanto. ¡Y qué dulces eran esas lágrimas!  







Fuente: 
Obras completas, santa Teresa de Lisieux





 

jueves, 12 de abril de 2018

HISTORIA DE UNA PASTORA CONVERTIDA EN REINA, poesía de santa Teresita dedicada a un novicia que iba a ser la profesión


 


A sor María Magdalena en el día de su profesión en manos de la madre Inés de Jesús.

 En este día feliz,

¡oh Magdalena!, a tu lado
venimos a celebrar
el maravilloso enlace,
el dulce enlace que une
con tu celestial Esposo.
Escucha con embeleso
esta encantadora historia
de una pastorcita humilde
a la que un gran Rey llamó
para colmarla de honores,
y ella respondió a su voz.


Estrib. Cantemos a la pastora, 

pobrecita de la tierra,
a quien el gran Rey del cielo
en el Carmelo hoy escoge
por esposa.

Erase una pastorcita

que guardaba sus corderos
mientras hilaba la rueca.
Admiraba a cada flor
y escuchaba a cada pájaro,
y comprendía muy bien
el dulcísimo lenguaje
del bosque y del cielo azul.
En todo hallaba la imagen
que le revelaba a Dios.

Ella a Jesús y a María

amaba con gran ardor, y ellos,
amando a Melania,
le hablaron al corazón.
La dulce Reina divina
le dijo amorosamente:

«¿Quieres, Melania, venir

conmigo al Monte Carmelo,
y llamarte Magdalena
y no ganar más que el cielo?

«¡Oh, niña, deja tus campos,

tu rebaño deja, nena!
Allá arriba en mi montaña
mi Jesús y tu Jesús
será tu único Cordero» (1).

Jesús, a su vez, le dijo:

«¡Oh, ven pronto, que tu alma
ha cautivado a la mía!
Por prometida te tomo,
serás mía para siempre».

Dichosa, la pastorcita

oyó la dulce llamada,
y tras la Virgen, su Madre,
llegó a la cumbre del Monte
 

¡Oh pequeña Magdalena!,
en este dichoso día
es a ti a quien festejamos.
Hoy la pastora es ya reina,
y reina junto a Jesús,
que es su Rey
y que es su amor.

Tú lo sabes, hermanita:

servir a Dios es reinar (2).
Jesús, durante, su vida,
nos lo enseñó claramente:

«Si en la celeste patria

quieres ser el primero,
procura ser el último
en el destierro».

Magdalena, estás contenta

con el lugar que te toca
en este Monte Carmelo.

¿Cómo no habías de estarlo,

si estás tan cerca del cielo?

A Marta y María imitas (3):

orar y servir a Cristo.
Esta es toda nuestra vida,
nuestra dicha verdadera.

Si, tal vez, el sufrimiento,

el amargo sufrimiento,
visita tu corazón,
haz de él tu dicha y tu gozo:
¡qué dulce es sufrir por Dios!

Y las ternuras divinas

te harán muy pronto olvidar
que caminas sobre espinas,
te parecerá volar...

Hoy hasta el ángel te envidia (4), ¡

quisiera gustar la dicha
que tú posees, María,
siendo esposa del Señor!

Muy pronto podrás cantar,

en el concierto glorioso
de los Tronos y Virtudes,
del Rey Jesús los loores,
del Rey Jesús, que es tu Esposo.

Muy pronto la pastorcita, 

pobrecita de la tierra,
volando, al cielo se irá
a reinar con el Eterno.

A nuestras Reverendas Madres:

A vosotras, nuestras Madres,

a vuestro orar y desvelos,
nuestra hermana Magdalena
debe su dicha y su paz.
Ella sabrá agradeceros
vuestro tierno amor materno,
pidiéndole a su Maestro
que os dé sus dones del cielo.

Y en vuestras coronas, 

Madres tan buenas,
brillará la flor
que hoy a él ofrecéis.



Notas:
Fecha: 20 de noviembre de 1894. -
Compuesta para: sor María Magdalena del Ssmo. Sacramento, para su profesión.
La última estrofa está dedicada a la madre Inés y a la madre María de Gonzaga.
Había que ser Teresa para escribir un poema tan libre y lleno de chispa dedicado a una novicia de temperamento tan tenso, que se encierra en sí misma ante la perspicacia de la Santa. Y sin embargo, María Magdalena la quiere: su deposición en el Proceso Ordinario es uno de los más bellos retratos de Teresa.

Esta, por su parte, nunca perdió la paciencia. En este poema no hay ni una sombra de reticencia, nada que deje adivinar la menor irritación o el menor esfuerzo. El poema es un misterio de amor: el del gran Rey hacia una pobre pastora, el de Teresa hacia su prójimo a quien ama «como la amó Jesús».

(1)  Teresa se acuerda de san Juan de la Cruz: «Ya no guardo ganado» (Cántico Espiritual, canción 28), pero la consagración exclusiva al «único cordero» es una explicitación propia de Teresa que nos recuerda a Apocalipsis 14, 3,4.

(2) Cita de san Agustín.

(3) A Marta y a María: Teresa no se para en las distinciones de «clases», tan marcadas en su época. «Orar y servir» es el patrimonio de toda carmelita. (cf RP 4).

(4) Idea que gustaba mucho a Teresa.

martes, 10 de abril de 2018

TERESITA SE PREGUNTA SI DIOS ESTÁ CONTENTO CON ELLA


Esta noche estaba un poco triste, preguntándome si Dios estaría realmente contento de mí.
Pensaba en que cada una de las hermanas diría de mí, si se lo preguntasen. Una diría: «Es un alma buena, puede llegar a ser santa». Otra: «Es muy amable, muy piadosa, pero esto..., y lo de más allá...». Y otras tendrían también otros pareceres;
muchas me juzgarían muy imperfecta, lo cual es verdad... Mi Madrecita me quiere tanto, que el amor la ciega, así que no puedo creerla.

¿Y quién me dirá lo que piensa Dios?
Estaba en estos pensamientos cuando me llegó tu billetito. Me decías que todo en mí te gustaba, que Dios me amaba de manera muy especial, que él no me había hecho subir como a las demás la áspera escalera de la perfección sino que me había puesto en un ascensor para que llegase antes a Él.

Todo eso me emocionaba, pero el pensamiento de que tu amor te hacía ver lo que en realidad no existía me impedía gozar en plenitud.
Entonces tomé en mis manos el Evangelio, pidiendo a Dios que me consolase, que él mismo me respondiera... Y he aquí que mis ojos se posaron en este pasaje que nunca me había llamado la atención:
«El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque no le comunicó su Espíritu con medida».

Entonces derramé lágrimas de alegría, y esta mañana, al despertarme, me encontraba todavía inundada de gozo. Eres tú, Madrecita querida, la que Dios me ha enviado, eres tú quien me educó, eres tú quien me ha traído al Carmelo; todas las grandes gracias de mi vida las he recibido a través de ti. Por eso, tú dices las mismas cosas que Dios, y ahora creo que Dios está muy contento de mí, ya que tú me lo dices. 


Fuente: Obras completas, santa Teresa de Lisieux

lunes, 2 de abril de 2018

UNA EXPERIENCIA HACE MEDITAR A SANTA TERESITA QUE NO HAY QUE APEGARSE A NADA, CARTA 42

A sor María del Sagrado Corazón


Martes, 21 de febrero de 1888 

Mi querida madrina: 

No me he olvidado de que mañana es tu cumpleaños. Hace mucho ya que pienso en él.

Me encantaría poder verte para felicitarte tus veintiocho años; pero como estamos en cuaresma, hay que hacer algún sacrificio, (durante la cuaresma se suprimen las visitas al locutorio).

Querida Mariíta, el miércoles de ceniza papá me hizo un regalo. Sería inútil preguntarte, no lograrías adivinarlo ni a la de cien ni a la de mil. Figúrate, querida María, en el fondo del gran bolso de papá un corderito precioso y todo rizado. Nuestro buen papaíto me dijo, al dármelo, que quería que antes de entrar en el Carmelo tuviese el gusto de tener un corderito. 


TERESITA Y SU PADRE
Todo el mundo se sentía feliz. Celina estaba loca de contenta por tener un corderito de un día; lo que más me emocionó fue la bondad de papá al regalármelo. Y además, un cordero es algo tan simbólico... Me hacía pensar en Paulina (cordero en francés es agneau, y el nombre francés de Paulina en el Carmelo era Agnès (Inés) de Jesús. )

Hasta aquí todo va bien, todo es fantástico, pero espera al final. 

Ya nos hacíamos castillos en el aire a cuenta del corderito y esperábamos verlo retozar a nuestro alrededor al cabo de dos o tres días. Pero, ¡ay, dolor!, el precioso animalito se murió por la tarde; había cogido mucho frío en el carro donde nació. ¡Pobrecito!, apenas nacido ya tuvo que sufrir, y luego se murió.  




Era tan lindo el corderito y tenía un aire tan inocente, que Celina hizo su retrato en un trozo de lienzo. Después papá cavó una pequeña fosa en la que metimos al corderito, que parecía dormir.

No quise que lo cubriera la tierra: le echamos nieve encima, y asunto concluido... 

No sabes, querida madrina, cuánto me ha hecho pensar la muerte de ese animalito. No, no hay que apegarse a nada en la tierra, ni siquiera a las cosas más inocentes, pues nos faltan en el momento que menos se piensa. Sólo lo que es eterno puede llenarnos. 

Querida María, veo que no te he hablado en todo el tiempo más que del cordero, y Leonia quiere que le deje un huequecito en mi carta. Adiós, pues, madrina querida. Tu hijita te quiere mucho más de lo que puedes imaginarte.

Teresita 

Mañana ofreceré la comunión por mi madrina querida... Dale un fuerte abrazo de mi parte a la Madre, y otro a Paulina, y dile que estoy bien. 


He rezado mucho por el señor de Virville (Hermano de la madre María de Gonzaga)



Fuente: Cartas, obras completas de santa Teresa de Lisieux