lunes, 18 de junio de 2018

AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS


Junto al sepulcro santo, 
María Magdalena, en lágrimas deshecha, se arrodilló en el suelo, buscando a su Jesús. 

Los ángeles vinieron a suavizar 
su pena, pero no consiguieron 
suavizar su dolor. Luminosos arcángeles, Mas no era vuestro brillo, luminosos arcángeles lo que esta alma ardiente venía aquí a buscar. 

Ella quería ver al Señor de los ángeles,  tomarle en sus brazos y llevarle 
muy lejos.
 
 Junto al sepulcro santo ella quedó 
la última, y al sepulcro volvió antes 
de amanecer. Su Dios se hizo también presente, aunque velando su presencia, no pudo ella vencerle en la lid del amor...

 Cuando llegó el momento, desvelándole él su faz bendita 
envuelta en propia luz, brotóle de 
los labios una sola palabra, fruto del corazón. Jesús el dulce nombre murmuró de: «¡María!»  
y devolvió a María la alegría y la paz.
 
Un día, mi Señor, como la Magdalena, quise verte de cerca, y me llegué 
hasta ti. Se abismó mi mirada 
por la inmensa llanura a cuyo Dueño 
y Rey yo iba buscando. Al ver la flor 
y el pájaro, el estrellado cielo 
y la onda pura, exclamé arrebatada:
 «Bella naturaleza, si en ti no veo a Dios, no serás para mí más que 
un sepulcro inmenso. 
 
  «Necesito encontrar un corazón que arda en llamas de ternura, que me preste su apoyo sin reserva, que me ame como soy, pequeña y débil, 
que todo lo ame en mí, y que no me abandone de noche ni de día». 

No he podido encontrar ninguna criatura capaz de amarme siempre y 
de nunca morir. Yo necesito a un Dios que, como yo, se vista de mi misma 
y mi pobre naturaleza humana, 
que se haga hermano mío <1> 
y que pueda sufrir.
 
  Tú me escuchaste, amado Esposo mío. Por cautivar mi corazón, te hiciste 
igual que yo, mortal, derramaste 
tu sangre, ¡oh supremo misterio!, 
y, por si fuera poco, sigues viviendo 
en el altar por mí. Y si el brillo 
no puedo contemplar de tu rostro 
ni tu voz escuchar, toda dulzura, 
puedo, ¡feliz de mí!, de tu gracia vivir, 
y descansar yo puedo 
en tu sagrado corazón, Dios mío.
 
  ¡Corazón de Jesús, tesoro de ternura, tú eres mi dicha, mi única esperanza! Tú que supiste hechizar mi tierna juventud, quédate junto a mí hasta 
que llegue la última tarde de mi día aquí. Te entrego, mi Señor, mi vida entera, y tú ya conoces todos mis deseos. En tu tierna bondad, siempre infinita, quiero perderme toda, 
Corazón de Jesús.
  
 Sé que nuestras justicias y todos nuestros méritos carecen de valor 
a tus divinos ojos.

Para darles un precio, todos mis sacrificios echar quiero en tu inefable corazón de Dios. No encontraste a 
tus ángeles sin mancha. 
En medio de relámpagos tú dictaste 
tu ley ¡Oh corazón sagrado, yo me escondo en tu seno y ya no tengo miedo, mi virtud eres tú <2>! 

  Para poder un día contemplarte en tu gloria, antes hay que pasar por el fuego, lo sé. En cuanto a mi me toca, por purgatorio escojo tu amor consumidor <3>, corazón de mi Dios. Mi desterrada alma, al dejar esta vida, quisiera hace un acto de purísimo amor, y luego, dirigiendo su vuelo hacia la patria, ¡entrar ya para siempre en tu corazón...! 


NOTAS  - AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS


Fecha: 21 de junio o de octubre de 1895. - Compuesta para: sor María del Sagrado Corazón, a petición de ésta. - Publicación: HA 98, nueve versos corregidos. - Melodía: Le petit soulier de Noël.

Teresa no se queda en el símbolo, entonces tan en boga, del Corazón herido por la lanza. Ella ve directamente a la realidad: al amor personal de Jesús, a sus sentimientos profundos, al amor que llena su Corazón. Y la manifestación suprema de este amor, Teresa la encuentra, no en la escena de Getsemaní o en el Corazón traspasado por la lanza en el Calvario, sino en la respuesta del Resucitado a la búsqueda apasionada de María Magdalena: en el murmullo de su nombre.

Fortalecida con esa respuesta, que le garantizaba que «el corazón de su Esposo era sólo para ella, como el suyo era sólo para él», la confianza de la esposa ya no conocerá barreras. Irá cada vez más lejos en su audacia, hasta entrar ya «sin reserva» alguna en el Corazón de su Dios. Este extraordinario dinamismo es lo que da unida al poema. Un cuadro de gran fuerza expresiva en el que se ve plasmado un amor a la vez humano y sobrenatural de enorme intensidad.

<1> Aquí Jesús es el Hermano-Amigo, es decir, el Esposo del Cantar de los Cantares

<2> Cf Ms A 32rº y Cta 197.
479
 
<3> ¿Alusión (que sólo ella entiende) a la herida de amor que ha sufrido poco tiempo antes. Es conocida la insistencia con que san Juan de la Cruz recuerda la fuerza purificadora de la Llama de amor viva, semejante a la del purgatorio 


Fuente: Obras completas, santa Teresa de Lisieux, poesías


 

CUANDO DIOS NOS PRIVA DE ALGO, HAY QUE ACEPTARLO

Le habían mandado (a Teresita) unas frutas preciosas, pero no podía comerlas. Las fue cogiendo una tras otra, haciendo ademán de ofrecérselas a alguien, y dijo: 
La Sagrada Familia ha quedado bien servida: a san José y al Niño Jesús le han tocado un melocotón y dos ciruelas a cada uno. 

 
Y dijo a media voz: 
"Tal vez no esté bien, pero las he tocado con satisfacción. Me gusta mucho tocar la fruta, sobre todo los melocotones (fruta preferida de Teresita), y verla de cerca". 

Yo la tranquilicé, y prosiguió: 

"La Santísima Virgen también ha tenido su parte. Cuando me dan leche con ron, se la ofrezco a san José, pensando: ¡Qué bien le va a venir esto al pobre san José! 
En el refectorio, pensaba siempre a quién tenía que darle cada cosa. Lo dulce era para el Niño Jesús, los platos fuertes para san José, y tampoco me olvidaba de la Santísima Virgen. Pero cuando me faltaba algo, por ejemplo cuando se olvidaban de pasarme la salsa o la ensalada, estaba mucho más contenta, pues me parecía que entonces se lo daba de verdad a la Sagrada Familia viéndome realmente privada de lo que le ofrecía".

... Cuando Dios quiere que nos veamos privadas de algo, no hay más remedio que aceptarlo. A veces, sor María del Sagrado Corazón ponía mi plato de ensalada tan cerca de sor María de le Encarnación, que yo no podía ya considerarlo como mío, y no lo tocaba. 

¡Ay, Madrecita, y qué tortillas, duras como suelas de zapato, me han servido en mi vida! Creían que me gustaban así, totalmente resecas. Después de mi muerte habrá que poner mucho cuidado en no dar esa porquería a las pobres hermanas.  

Fuente: Obras completas, santa Teresa de Lisieux
 






 

domingo, 3 de junio de 2018

CÁNTICO DE UN ALMA QUE HA ENCONTRADO EL LUGAR DE SU REPOSO

MARÍA GUERIN, PRIMA DE SANTA TERESITA

¡Hoy rompes, Jesús mis lazos <1>! 
En la Orden de María podré hallar
todos los bienes de verdad.
Si abandono a mi familia entrañable,
de tus celestes favores tú la sabrás colmar.
Y a mí el perdón me darás
de los pobres pecadores... 

  En el Carmelo, Jesús, debo vivir, 

pues tu amor a este oasis me ha llamado. 
Aquí te quiero seguir, amarte, 
y pronto morir <2>. ¡Aquí, mi Jesús, aquí!

  En este día, Señor, colmas todos mis


deseos. En adelante podré, cerca de la Eucaristía <3>, inmolarme noche y día, inmolarme silenciosa, y esperar en paz 
y en calma tu llegada para el cielo. 

Exponiéndome a los rayos de la Hostia

inmaculada, en esta hoguera de amor 
pronto me iré consumiendo, y te amaré,
Jesús mío, como un serafín del cielo. 


  Cuando terminen, Señor, mis días aquí
en la tierra, que será pronto, a la playa eterna<4> te seguiré. ¡En el cielo vivir
siempre! ¡Amarte y nunca morir! 
¡Para siempre! ¡Para siempre...! 




NOTAS: CÁNTICO DE UN ALMA QUE HA ENCONTRADO EL LUGAR DE SU REPOSO


Fecha: 15 de agosto de 1895. - Compuesta para: María Guérin (prima de santa Teresita) a su entrada en el Carmelo (sor María de la Eucaristía).

Era costumbre que la postulante cantase «algo» a la comunidad la noche de su entrada. María Guérin está dotada de una hermosa voz de soprano; y Teresa quiere que se luzca eligiendo para ello una romanza apropiada. Y, cosa muy extraña, la poesía plagia muy de cerca a su modelo, al menos en el estribillo. Teresa realiza con destreza la transposición del amor humano al amor místico. A pesar del título [según el original, Cántico de un alma que ha encontrado el lugar de su reposo], un impulso profundo atraviesa este poema, que presuntamente iba a ser de «reposo». 

Teresa dedicará dos poesías más a su prima: Sólo Jesús (P 24, el 15 de agosto de 1896) y Mis armas (P 32, para su profesión, el 25 de marzo de 1897).


<1> Partiendo de un versículo que le ofrece el salmista, Teresa juega con una anfibología: tristeza por la separación de la familia, pero liberación del mundo y libertad para Jesús (cf Ms A 67vº).


<2> Acerca de esta profunda aspiración de María Guérin.


<3> Esta estrofa -breve compendio teológico sobre la adoración ante la hostia- demuestra la fuerte atracción de María por la Eucaristía;

 <4> La rivera eterna, expresión tan frecuente en Teresa es importante en esta poesía, que habla de travesía más que de reposo.
 

MI CIELO EN LA TIERRA


Es tu imagen inefable astro
que guía mis pasos.
Tu dulce rostro, Jesús,
bien lo sabes,
es en la tierra mi cielo.
Mi amor descubre el encanto
de tu rostro embellecido de llanto.
Y a través de mis lágrimas yo sonrío contemplando tus dolores.

 
Quiero, para consolarte (1) 
vivir ignorada (2)
y sola aquí en la tierra.
Tu hermosura,
que tan bien sabes velar,
me descubre todo su
inmenso misterio,
y a ti quisiera volar.

 
Tu faz es mi sola patria,
ella es mi reino de amor,
es mi riente pradera
y mi sol de cada día.
Ella es el lirio del valle,
cuyo aroma misterioso (3)
a mi alma desterrada
en su destierro consuela,
dándole a gustar la paz de los cielos.

  Es mi descanso y dulzura y mi lira melodiosa... Es tu rostro,
¡oh mi dulce Salvador!, el ramillete
divino de mirra, que guardar
quiero prendido sobre mi pecho. (4)


 Es tu faz mi única y sola riqueza,
ninguna otra cosa pido.
En ella, escondida siempre,
a ti me pareceré. (5)

Deja en mí, Jesús, la huella
de tus dulcísimos rasgos,
y muy pronto seré santa,
y hacia ti los corazones atraeré.

 
 A fin de poder juntar
abundante mies dorada,
con tu fuego quémame.
No tardes, Amado mío,
en darme tu eterno beso.
¡Con tus labios bésame!



NOTAS - MI CIELO EN LA TIERRA


Fecha: 12 de agosto de 1895. - Compuesta para: sor María de la Trinidad (entonces María Inés de la Santa Faz), para sus veintiún años.

Al día siguiente de la Transfiguración, en ese clima de resplandor del Tabor, Teresa siente que todo su ser se dilata, seducido por el Rostro divino. Y al igual que en la santa montaña, sus versos evocan los «dolores» de la pasión, pero para embellecerlos enseguida y bañarlos de dulzura. En pleno corazón del verano de 1895, este poema es como un anticipo del Cara a cara del que hablara algunas semanas antes en el Acto de ofrenda.

(1) La representación de la Santa Faz según el modelo de Tours.

(2)  «querer ser ignorada y tenida en nada», (escrito unas semanas después de P 12), según María de la Trinidad, esa era la constante aspiración de Teresa: «Muchas veces, en la recreación o en otras partes, cuando yo le decía: ¿En qué piensas?, dime algo: -¿Que qué pienso?, respondía con un profundo suspiro, Que quisiera ser ignorada y tenida en nada...»
 
(3) Ese aroma designa la patria con la que sueña Teresa.

(4) la reproducción de la Santa Faz (según el modelo de Tours) que pronto Teresa «llevará sobre su pecho» permanentemente.

(5) Sobre el deseo y la necesidad de parecerse a Jesús, sobre todo en su humildad y en su anonadamiento.
 

Fuente: Obras completas, santa Teresa de Lisieux


 



 

miércoles, 30 de mayo de 2018

LO HARÍA PARA ALCANZAROS GRACIAS

SANTA TERESITA, DE PIE A LA DERECHA, CON SU COMUNIDAD

La hermana de santa Teresita, Paulina (Madre Inés de Jesús) cuenta la siguiente conversación:
(A las 3 de la mañana, Teresa había expectorado sangre) 

 Madre Inés de Jesús:

«¿Qué harías tú si una de nosotras estuviese enferma en tu lugar? ¿Vendrías a la enfermería durante las recreaciones?». 

Teresita:

"Iría derecha a la recreación, sin preguntar por vosotras; y lo haría con toda naturalidad, para que nadie se diese cuenta de lo que me costaba. Y si viniera a la enfermería, lo haría por complacer, nunca por darme gusto a mí misma... 
 ... y todo por cumplir con mi deber y para alcanzaros gracias que seguramente no os conseguiría buscándome a mí misma.


Y yo misma sacaría una gran fortaleza de estos sacrificios. Pero si alguna vez, por debilidad, hiciese lo contrario de lo que quisiera, no me desanimaría, sino que trataría de reparar mis fallos privándome todavía más sin que se me notase. 


Fuente:
Obras completas, santa Teresa de Lisieux, últimas conversaciones.
 

martes, 29 de mayo de 2018

EL CÁNTICO DE CELINA


¡Hoy me gusta evocar los recuerdos benditos de mi infancia!
Para guardar la flor de mi inocencia siempre pura y sin mancha,
Dios puso en torno mío una cerca
de amor.  

A pesar de ser yo tan pequeña,
me hallaba rodeada de ternura,
y de mi corazón en lo más hondo
nació la fiel promesa de desposarme
un día con Jesús, Rey de los cielos,
Rey de los elegidos.

Desde la primavera de mi vida a la Virgen María y a san José yo amaba.
Y ya mi alma se abismaba entera, extasiada y feliz, cuando en mis
ojos el cielo reflejaba su belleza.

Me gustaban los campos, los trigales,
la colina lejana y la llanura.
Y era tanta mi dicha cuando con mis hermanas cogíamos las flores,
que hasta el aliento a veces me faltaba.

Me gustaba coger las hierbezuelas,
las florecillas todas, los acianos.
Me gustaba muchísimo el perfume
de las moradas violetas claras,
y el de las primaveras, sobre todo.

Me gustaban la blanca margarita,
los hermosos paseos del domingo,
el pájaro ligero gorjeando en la rama
y el radiante color azul del cielo.

Me gustaba poner todos los años
junto a la chimenea mis zapatos,
y apenas despertaba, iba corriendo
y cantando canciones de la fiesta
del cielo. ¡Navidad!
 
De mamá me encantaba la sonrisa,
su mirada profunda parecía decir:
«La eternidad me atrae, me cautiva,
al cielo azul iré ¡para ver allí a Dios!

«Encontraré en la patria a la Virgen María y a mis ángeles (1)... 
¡Y de las hijas que en la vida dejo,
los corazones y también las lágrimas ofreceré a Jesús.

Amaba a Jesús Hostia, que vino en la mañana de mi vida a prometerse a mi alma enajenada. ¡Oh, con cuánta alegría el corazón le abrí!

Y más tarde amé a la criatura que yo veía más pura, a Dios buscando

en su creación. Y en él,
sólo en él hallé la paz. 

Y también me gustaba, en aquel mirador inundado de luz y de alegría, recibir de mi padre los besos y caricias, y acariciar yo sus cabellos
blancos
como la nieve.

Sentada con Teresa en sus rodillas, durante las veladas, largo rato
a las dos nos mecía, lo recuerdo muy bien, y aún me parece oír de sus tonadas y de su voz el dulce
y grave acento.

¡Recuerdos dulces, que entrañáis sosiego  y me hacéis revivir
tantas cosas lejanas..., las cenas,
el perfume de las rosas,
los Buissonnets, henchidos de una limpia alegría, y los claros veranos!

Al llegarse la noche, cuando todo rumor vano se apaga, me sentía feliz expansionando mi alma con mi Teresa en dulce desahogo. Mi corazón y el suyo formaban, confundidos, uno solo.

Entonces se mezclaban nuestras voces, las manos se enlazaban, y cantábamos juntas nuestras futuras y sagradas bodas, soñando en el Carmelo...
y soñando en el cielo.

En Suiza y en Italia me encantaron (2) los frutos de oro bajo el cielo azul.
Me gustó, sobre todo, la mirada, toda llena de vida, que el santo anciano, el papa, el Pontífice Rey, me dirigió.

Con amor te besé, ¡oh tierra bendita del Coliseo augusto! La bóveda sagrada y silenciosa de las santas y oscuras catacumbas repitió dulcemente el eco de mi canto.

Tras mi dicha vinieron el dolor y las lágrimas (3). ¡Muchas y amargas lágrimas! Me vestí la armadura de mi Esposo, y fue su cruz mi escudo y mi consuelo.

Durante largo tiempo estuve desterrada, lejos, ¡ay, si, qué lejos!, de mi familia amada; y sin tener siquiera, cual pobre cierva herida, el refugio de un simple agavanzo en flor.

Mas un atardecer, mi alma enternecida percibió la sonrisa de María (4),
y una gota bendita de su sangre
se tornó (¡ah, qué dicha!)
en leche para mí 

Gustaba, por entonces, de apartarme del mundo y de sus ruidos,
para oír cómo el eco, desde lejos, respondía a mi voz, y en el fecundo, en el umbroso valle, en medio de mis lágrimas, yo recogía flores.

Me gustaba escuchar de la lejana iglesia la campana tañendo vagamente. Me sentaba en el campo para oír el susurro de la brisa al caer de la tarde.

Me embobaba mirando las golondrinas en su raudo vuelo, y escuchando, callada, el plañidero canto de las tórtolas. Me gustaba sentir el ruido de alas y el bronco bordoneo del insecto.

Me gustaba la gota de rocío, la cantora cigarra, la virginal abeja preparando la miel desde su mismo despertar.

Gustaba yo de recoger el brezo, corriendo sobre el leve y blando musgo; cazar las mariposas, en frágil vuelo sobre los helechos y pintado en sus alas el puro azul del cielo.

Amaba a las luciérnagas en la sombra, y amaba las estrellas incontables.
Y,sobre todo, el disco plateado
de la luna en la noche.

En su última vejez me gustaba rodear a mi padre de ternura. El lo era para mí todo en la vida: hijo, dicha, riqueza. ¡Ah, cuántas veces y con qué cariño  le estrechaba en mis brazos!

Nos gustaba escuchar el dulce ruido de las olas y el retumbo encendido de la oscura tormenta, y en la quietud profunda de la tarde del ruiseñor
la voz en el fondo del bosque.

Pero su hermoso rostro una mañana la imagen, con sus ojos, buscó del crucifijo... Al marchar, me dejó su postrera mirada, la prenda de su amor. ¡Aquella era mi parte!

Con su divina mano, con su amorosa mano, a Celina Jesús le arrebató el único tesoro que tenía, ¡y llevándolo lejos, lejos de la colina, lo colocó en el cielo, cerca del Dios eterno!

Ahora estoy prisionera (5), muy lejos de la tierra y de sus bosques.
Vi que todo es en ella efímero y caduco,  ¡toda mi dicha, en ella,
vi apagarse y morir!

Bajo mis pies se magulló la hierba, y en mis manos la flor se marchitó... Jesús, por tu pradera correr quiero, no dejarán en ella mis pies huella.

Como un ciervo sediento va suspirando por las aguas vivas, así, desfallecida, ¡oh Jesús!, a ti corro.  Para calmar mi sed y mis ardores hacen falta tus lágrimas...

Sólo tu amor me arrastra. En la llanura mi rebaño dejé, ya no lo cuido.  Complacer sólo quiero a mi nuevo Cordero, a mi Cordero único.

El Cordero a quien amo eres tú,
mi Jesús. Me bastas, ¡bien supremo!, todo lo tengo en ti,  tengo la tierra
y hasta tengo el cielo.Tú eres la flor, Rey mío, que yo corto. 

Jesús, Lirio del valle, me cautivó tu aroma.  Ramillete de mirra, corola perfumada, dentro del corazón quiero guardarte y en él darte mi amor.

Junto a mí va tu amor, siempre conmigo. En ti tengo los bosques
y campiñas, los ríos, las montañas,
la pradera, la lluvia de los cielos
y la nieve.

Todo lo tengo en ti: los trigos y las flores entreabiertas, los botones de oro, las miosotis y rosas. El perfume poseo
y la frescura de los blancos lirios (6). 

En ti tengo la lira melodiosa (7),
la soledad sonora, los ríos y las rocas, la graciosa cascada, el gamo saltador, la gacela, los corzos y la ardilla.

En ti tengo también el arco iris y la nieve pura, el inmenso horizonte y la verdura, las ínsulas extrañas y las maduras mieses, las leves mariposas, los campos y la alegre primavera.

En tu amor, ¡oh Jesús!, también encuentro  las palmeras esbeltas que el sol dora, la noche en par de los levantes de la aurora,  las aves y el suave murmullo del arroyo.

Tengo en ti los racimos deliciosos, las graciosas libélulas, la selva virgen llena de flores misteriosas. Tengo a todos los niños, rubios, pequeñitos, con sus alegres cantos.

Tengo en ti las colinas y las fuentes, Tengo vincapervincas, madreselvas, agavanzos, bejucos, flores blancas de espino y los frescos nenúfares.

Tengo la avena, loca y tembladora,
la voz grave y potente de los vientos,
el hilo de la Virgen, la llama ardiente,
el céfiro ligero, los zarzales floridos
y los nidos.

Tengo el hermoso lago, el valle solitario, oscuro de árboles, la ola plateada del océano, peces dorados
y los raros tesoros de los mares.

Yo tengo en ti la nave que navega por alta mar y lejos de la playa, el surco de oro (8) y la tranquila costa. Tengo el fuego del sol cuando se va del cielo festoneando con su luz las nubes.

En ti, Jesús, yo tengo la palmera pura; y bajo el burdo sayal de que me visto, valiosas joyas, ricos aderezos, anillos y diamantes, brillantes y collares.

Tengo en ti la brillante y clara estrella. Muchas veces tu amor se me descubre, y entonces yo percibo, como a través de un velo, al declinar el día, la caricia divina de tu mano.

Tú sostienes los mundos con tu mano, tú plantas las profundas, las oscuras florestas, y en un volver de ojos
las fecundas. Con mirada de
amor (9) me sigues siempre.

Tengo tu corazón y tu adorado rostro,
y esa mirada tuya que me ha herido.
De tu sagrada boca el beso tengo.
Te amo, Jesús, y nada más deseo.

Iré a cantar al cielo con los ángeles
de tu sagrado amor las alabanzas.
Haz que yo vuele pronto a formar
en sus filas, ¡que yo muera de
amor, Jesús, un día. 

La mariposa se lanza contra el fuego, fuertemente atraída por su encendida
y clara transparencia. De ese modo
tu amor es mi esperanza,
quiero volar a él y en él quemarme.

¡Oigo ya que se acerca, mi Dios,
tu eterna fiesta! Tomaré de los sauces mi arpa muda y en tus rodillas
a sentarme iré, ¡para allí verte...!

Y muy cerca de ti veré a María,
a los santos veré y a mi familia amada. Después de este destierro de la vida,
yo volveré a encontrar allá en el cielo
el hogar paternal...

CELINA

 
NOTAS P 18 - CÁNTICO DE CELINA 


Fecha: 28 de abril de 1895. - Compuesta para: sor Genoveva, a petición de ésta, para su cumpleaños (veintiséis). 

Es el «Cántico de las criaturas» de Celina, pero más aún de Teresa. Tras la cúspide de su Vivir de amor, Teresa va recorriendo con verdadero júbilo las riquezas de la creación, que luego volverá a descubrir, trascendidas, en su Amado. 

Esta sinfonía de flores, de perfumes, de verdor, de pájaros es toda una orquestación a dos versos de Celina. Un domingo de 1895, cuando sor Genoveva está a punto de cortar el primer narciso, su hermana la detiene: «¡Hace falta permiso!» Al volver a su celda, la novicia intenta consolarse recordando a Jesús, en una poesía, lo que ha dejado por él. Sólo una pocas palabras consiguen traspasar la capa de tristeza:
La Flor que yo corto, Rey mío, ¡eres Tú!

Teresa viene en ayuda de Celina y, con certero instinto de maestra espiritual, se esmera por que no quede en la sombra ninguna de las alegrías del pasado, aun cuando esto la lleve a desleir demasiado la poesía, que es la más larga de todo su repertorio en cuanto al número de estrofas (cincuenta y cinco).



(1) Sus cuatro hermanos, muertos muy pequeñitos. 
(2) El viaje a Roma en noviembre de 1887.
(3) Una secuencia propia de la vida de Celina: la enfermedad del señor Martin  y su muerte.
(4) Dos gracias de María a la desterrada: cf Poésies, II, pp 126s. 
(5) El Carmelo es una «prisión bendita» Celina se considera prisionera del amor a Jesús , como Jesús lo está del nuestro;
(6) Esta es la única vez que Teresa menciona el «muguet», el lirio de los valles, con esa palabra, al que Celina atribuye el sentido de «amor escondido». 
(7) Símbolo que le gustaba mucho a Celina;
(8) El surco de oro, o surco de gracia, procede de un cuento infantil.
(9) La mirada de Dios, que se posa con amor sobre la criatura y le da vida y belleza, es uno de los grandes temas sanjuanistas; ¡Qué lejos está esto de un «vigilante» airado por el pecado! Esa mirada de amor recíproca e incesante está en el corazón mismo de la vida contemplativa de Teresa. 



 

lunes, 28 de mayo de 2018

TROUVILLE (EN LOS BUISSONNETS, 1877 - 1881) MANUSCRITO A

PLAYA DE TROUVILLE

Tenía yo seis o siete años cuando papá nos llevó a Trouville.
Nunca olvidaré la impresión que me causó el mar. No me cansaba de mirarlo.
Su majestuosidad, el rugido de las olas, todo le hablaba a mi alma de la grandeza y del poder de Dios.

Recuerdo que, durante el paseo que dimos por la playa, un señor y una señora me miraban correr feliz junto a papá y, acercándose, le preguntaron si era suya, y dijeron que era una niña muy guapa.

Papá les respondió que sí, pero me di cuenta de que les hizo señas de que no me dirigiesen elogios... 

Era la primera vez que yo oía decir que era guapa, y me gustó, pues no creía serlo. Tú ponías gran cuidado, Madre querida, en alejar de mí todo lo que pudiese empañar mi inocencia, y sobre todo en no dejarme escuchar ninguna palabra por la pudiese deslizarse la vanidad en mi corazón.

Y como yo sólo hacía caso a tus palabras y a las de María, y vosotras nunca me habíais dirigido un solo piropo, no di mayor importancia a las palabras y a las miradas de admiración de aquella señora.  



Al atardecer, a esa hora en la que el sol parece querer bañarse en la inmensidad de las olas, dejando tras de sí un surco luminoso, iba a sentarme, a solas con Paulina, en una roca... Y allí recordé el cuento conmovedor de «El surco de oro» (De un libro de lecturas. La Tirelire aux histoires [ La hucha de los cuentos], de Luisa S.W.Belloc (bajo el título de «El sendero de oro»). Se trata del sueño simbólico de una niña que va navegando sobre el surco de oro del sol poniente, imagen de la gracia).

TERESITA Y PAULINA EN TROUVILLE

Estuve contemplando durante mucho tiempo aquel surco luminoso, imagen de la gracia que ilumina el camino que debe recorrer la barquilla de airosa vela blanca... Allí, al lado de Paulina, hice el propósito de no alejar nunca mi alma de la mirada de Jesús, para que pueda navegar en paz hacia la patria del cielo... 

Mi vida discurría serena y feliz.

El cariño de que vivía rodeada en los Buissonnets me hacía, por decirlo así, crecer. Pero ya era, sin duda, lo suficientemente grande para empezar a luchar, para empezar a conocer el mundo y las miserias de que está lleno...  






Fuente:
Historia de un alma, santa Teresa de Lisieux

 




 

PASARÉ MI CIELO EN LA TIERRA


Sábado. A las 2 de la mañana había expectorado sangre. 

Presiento que voy a entrar en el descanso... Pero presiento, sobre todo, que mi misión va a comenzar: mi misión de hacer amar a Dios como yo le amo, de dar mi caminito a las almas.

Si Dios escucha mis deseos, pasaré mi cielo en la tierra hasta el fin del mundo. Sí, yo quiero pasar mi cielo haciendo el bien en la tierra. Y eso no es algo imposible, pues, desde el mismo seno de la visión beatífica, los ángeles velan por nosotros.  
 



Yo no puedo convertir mi cielo en una fiesta, no puedo descansar mientras haya almas que salvar... Pero cuando el ángel diga:

«¡El tiempo se ha terminado!», entonces descansaré y podré gozar, porque estará completo el número de los elegidos y todos habrán entrado en el gozo y en el descanso. Mi corazón se estremece de alegría al pensar en esto...  


Fuente:
Obras completas, santa Teresa de Lisieux
 




 

NO BUSCO MI GLORIA, SOLO BUSCO AGRADARTE A TI



Si Dios me dijera: Si mueres ahora, tendrás una gloria muy grande; si mueres a los 80 años, la gloria será mucho menor, pero eso me agradará mucho más, no dudaría en responder: "Dios mío, quiero morir a los 80 años, pues no busco mi gloria, sino tan sólo agradarte a ti. 

Los grandes santos trabajaron por la gloria de Dios, pero yo, que no soy más que un alma muy pequeña, sólo trabajo por complacerle, y me sentiría feliz de soportar los mayores sufrimientos aunque sólo fuese para hacerle sonreír una sola vez. 




Fuente:
Obras completas, santa Teresa de Lisieux

DIOS ESCUCHA NUESTROS DESEOS



Muchas veces, en verano, durante la hora de silencio antes de Maitines, sentada en la terraza, me decía a mí misma: ¡Si estuviera aquí Celina junto a mí! ¡Pero no, esa será una dicha demasiado grande para la tierra! 

... Y me parecía un sueño irrealizable. Sin embargo, no deseaba esa dicha por un sentimiento natural; era por su alma, para que caminase por nuestro mismo camino... Y cuando la vi entrar aquí, y no sólo entrar sino que me la confiaban enteramente a mí para que yo la instruyese en todas las cosas; cuando vi que Dios hacía eso, rebasando así mis deseos, comprendí la inmensidad del amor que él me tiene...  



CELINA EL DÍA DE SU PROFESIÓN

 ... Pues bien, Madrecita, si un deseo apenas esbozado fue escuchado de esa manera, es imposible que no sean completamente escuchados todos esos mis grandes deseos de los que hablo a Dios con tanta frecuencia.  




Fuente:
Obras completas, santa Teresa de Lisieux, últimas conversaciones.

 

jueves, 24 de mayo de 2018

SANTA TERESITA EXPLICA LO QUE ES "LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS"



(Su hermana Paulina  dice):
Me contó el siguiente episodio, cuyo recuerdo guardaba como una gracia: 

Sor María de la Eucaristía quería encender las velas para una procesión. No tenía cerillas, pero al ver la lamparilla que arde ante las reliquias, se acercó; pero, ¡ay!, la encontró medio apagada, no quedaba más que un débil destello en la mecha carbonizada. Sin embargo, consiguió encender su vela, y, gracias a su vela, se fueron encendiendo todas las de la comunidad.


Fue aquella lamparita medio apagada la que produjo aquellas hermosas llamas que, a su vez, hubieran podido producir infinidad de otras e incluso incendiar el universo. Sin embargo, la causa primera de ese incendio se debería siempre a aquella lamparita. ¿Podrán entonces las hermosas llamas, sabiendo esto, gloriarse de haber provocado semejante incendio, cuando ellas mismas sólo se encendieron gracias a aquella centellita...?  



Lo mismo ocurre con la comunión de los santos. Muchas veces, sin que nosotros lo sepamos, las gracias y las luces que recibimos las debemos a un alma escondida, porque Dios quiere que los santos se comuniquen la gracia unos a otros por medio de la oración, para que en el cielo se amen con un gran amor, con un amor todavía mucho mayor que el amor de la familia, hasta el de la familia más ideal de la tierra.


¡Cuántas veces he pensado si no podría yo deber todas las gracias que he recibido a las oraciones de un alma que haya pedido por mí a Dios y a la que no conoceré más que en el cielo! 

Sí, una centellita muy pequeña puede hacer brotar grandes lumbreras en la toda la Iglesia, como doctores y mártires, que estarán muy por encima de ella en el cielo; ¿pero quién podrá decir que su gloria no se tornará la de ella? 

En el cielo no habrá miradas de indiferencia, porque todos los elegidos reconocerán que se deben mutuamente las gracias que les han merecido la corona.  


 



Fuente: 

Obras completas, santa Teresa de Lisieux

LE DIJE QUE HICIESE LO QUE QUISIERA


Habíamos hecho los preparativos para que comulgara al día siguiente. El sobrino de sor María Filomena  ( el abate Troude) iba a entrar después de su primera Misa en el Carmelo para darle la comunión.
Pero al verla peor, temíamos que escupiese sangre después de medianoche y le pedíamos que rezase para que nada desagradable viniese a estropear nuestro proyecto. Ella respondió: 

Sabéis bien que yo no puedo pedir eso..., pero pedidlo vosotras por mí... Sin embargo, esta noche acabé pidiéndoselo a Dios por complacer a mis hermanas y para que la comunidad no quedara decepcionada; pero en el fondo le dije todo lo contrario, le dije que hiciese lo que quisiera...  



Y al vernos adornar la enfermería dijo: 

¡Cuánto trabajo os tomáis para preparar todo lo necesario! ¡Así son las fiestas de la tierra! A las niñas que van a hacer la primera comunión se les lleva por la mañana su hermoso vestido blanco, y sólo tienen que ponérselo; nada saben del trabajo que los suyos se han tomado por ellas, sólo saben de alegría. No pasa lo mismo cuando se es mayor...  


Fuente: Obras completas, santa Teresa de Lisieux

 

 

ORACIÓN AL NIÑO JESÚS



"Oh pequeño niño, mi único tesoro,
tú te me muestras todo radiante de amor.
Yo me abandono a ti.
Oh Jesús, mi pequeño Hermano,
no quiero otra alegría que la de agradarte.
Mi pequeño Rey, imprime en mí
las virtudes de tu infancia."


(Santa Teresita del Niño Jesús)



miércoles, 23 de mayo de 2018

VER EN TODO, LA MANO DE JESÚS, CARTA 55

A sor Inés de Jesús 

 5-9 de julio de 1888 

Gracias al cordero querido por haber hecho escuchar una vez más al corderito la música del cielo. El dulce céfiro ha agitado suavemente a la cañita... 

Eran las 9 pasadas cuando la caña descubrió el papelito ( Un billete que sor Inés había deslizado bajo la puerta de la celda de Teresa).

No lucía ya la luz de la tierra, pero su corazón supo descifrar mejor que sus ojos la música de santa Cecilia, ¡y no perdió ni una sola palabra...! 

Sí, yo deseo esas angustias del corazón, esos alfilerazos de los que habla el cordero.

A la cañita no le importa en absoluto doblarse, no tiene miedo de romperse, pues ha sido plantada al borde de las aguas; en vez de quedarse allí en el suelo, cuando se dobla, sólo encuentra una onda bienhechora que la fortalece y le hace desear que una nueva tormenta vuelva a desatarse sobre su frágil cabeza.




Toda su confianza reside en su debilidad, y no puede quebrarse porque, le ocurra lo que le ocurra, sólo quiere ver en ello la mano de Jesús... 

A veces, a la caña, una débil ráfaga de viento puede resultarle más insoportable que las grandes tormentas; y entonces va a remojarse en su arroyo querido. Pero tampoco esas débiles ráfagas de viento consiguen que se doble demasiado hacia la tierra, son los alfilerazos... 

Mas ningún sufrimiento es excesivo para conquistar la palma (la palma de santa Inés)... 



Nota: 
(A Teresita todo le parece poco para ganar el cielo)

Fuente: Obras completas, santa Teresa de Lisieux, cartas.