domingo, 4 de febrero de 2018

NO DEBEMOS SER COBARDES, LA CORRECCIÓN FRATERNA ES UN ACTO DE CARIDAD

«Que la espada del espíritu, que es la palabra de Dios,
esté siempre en nuestra boca y en nuestros corazones». Cuando nos encontremos con un alma poco agraciada, no nos desanimemos, no la abandonemos nunca.
Tengamos siempre en la boca «la espada del espíritu» para reprenderle sus faltas, no dejemos pasar las cosas por conservar nuestra paz, luchemos siempre, aun sin esperanzas de ganar la batalla.
¿Qué importa el triunfo? Lo que Dios nos pide es que no nos detengamos por las fatigas de la lucha, que no nos desanimemos diciendo: «¡Peor para ella! No se puede conseguir nada, hay que dejarla por imposible».
No, eso es cobardía, hay que cumplir con el deber hasta el final . 

Santa Teresita representando a Juana de Arco

Fuente:
Obras Completas, últimas conversaciones, santa Teresa de Lisieux

 

sábado, 3 de febrero de 2018

ORACIÓN A SANTA TERESITA PARA ALCANZAR GRACIAS

Oh bienaventurada Santa Teresita
del Niño Jesús, que habéis prometido
hacer caer una lluvia de rosas,
desde el cielo, dirigid a mí vuestros ojos
misericordiosos y escuchadme
en mis múltiples necesidades.
Grande es vuestro poder
porque Dios os ha hecho grande
entre los santos del cielo.
Os suplico, pues, oh mi amable protectora,
me alcancéis de Dios las gracias que os pido,
siempre que sea para mayor honra de Dios
y salvación de mi alma.
Os suplico de un modo especial
que me hagáis participar de las rosas
que nos habéis prometido,
apartando mi corazón de las vanidades
y placeres caducos de esta vida,
y enseñándome a amar
a Jesús y a María con amor verdadero,
para que así pueda un día gozar
con vos de la eterna bienaventuranza.
Así sea.
V. Rogad por nosotros,
oh bienaventurada Santa Teresita
R. Para que seamos dignos
de la lluvia de rosas que nos habéis prometido.



ORACIÓN A SANTA TERESITA POR LAS MISIONES


Oh Santa Teresita del Niño Jesús,
que has sido justamente proclamada
Patrona de las Misiones de todo el mundo,
acuérdate de los ardentísimos deseos de mostrarte,
cuando vivías en la tierra, de querer plantar
la Cruz de Jesucristo en todas las naciones,
y anunciar el Evangelio hasta la consumación de los siglos.
Te suplicamos que ayudes, según tu promesa,
a los sacerdotes, a los misioneros y a toda la Iglesia.
Así sea.
Santa Teresita del Niño Jesús
¡Ruega por nosotros!

ORACIÓN A SANTA TERESITA PARA PEDIR UN FAVOR


¡Santa Teresita! Vengo a tus plantas lleno de confianza
a pedirte favores. La Cruz de la vida
me pesa mucho y no encuentro
más que espinas entre sus brazos.
¡Florecitas de Jesús! Envía sobre mi alma
una lluvia de flores de gracia y de virtud,
para que pueda subir el Calvario de la vida
embriagado en sus perfumes.
Mándame una sonrisa de tus labios de cielo
y una mirada de tus hermosos ojos...
Que valen más tus caricias
que todas las alegrías que el mundo encierra.
¡Dios mío! Por intercesión de Santa Teresita
dáme fuerza para cumplir con mi deber
y concédeme la gracia que en esta oración te pido.
Amén

RETIRO DE PRIMERA Y SEGUNDA COMUNIÓN




RETIRO PARA MI PRIMERA COMUNIÓN
 5 de mayo Meditación de la mañana

El Señor abate nos dijo que éramos como los servidores del Evangelio, y que al final de nuestra vida Dios nos pediría cuentas de las gracias que nos ha concedido, y que tendríamos que presentárselas en proporción a las gracias que nos ha dado. He pensado que yo tendré que dar muchas cuentas a Dios, que ha sido tan bueno conmigo y me ha concedido tantas gracias, y he prometido esforzarme por ser buena y por tener muchas obras buenas para presentar a Dios.


2ª Charla
 El Señor abate nos ha hablado de la muerte, y nos (falta una palabra) que no había manera de hacernos ilusiones, que era segurísimo que teníamos que morir, y que quizás habría alguna que no terminase el retiro. 
Nos contó que, cuando él era joven, un Padre misionero les predicó un retiro y les dijo que a lo mejor al día siguiente faltaba uno, y, en efecto, al día siguiente uno estaba muerto. Yo quiero ser muy buena, para que no me sorprenda la muerte.

3ª charla
Esta tarde la meditación fue sobre el infierno. El Señor abate nos representó las torturas que se sufren en el infierno. Nos ha dicho que de nuestra primera comunión iba a depender que fuésemos al cielo o al infierno. Yo me estoy preparando bien, y espero ir al cielo.

7 de mayo
1ª charla

El Señor abate nos ha hablado de la 1ª comunión sacrílega. Nos ha dicho cosas que me han dado mucho miedo. 

Durante el retiro, nos han faltado muchas charlas, porque ha muerto la Señora Priora y el Señor abate no ha podido ocuparse mucho de nosotras.

17-20 de mayo de 1885. Notas del retiro.
Cuaderno azul. El abate Domin predicó este retiro para la segunda comunión, que desencadenó una «terrible enfermedad de escrúpulos»

2º Retiro

Domingo noche

Esta noche el Señor abate nos ha dicho que, cuando él quería convertir a un alma, la llevaba a la soledad y le hacía hacer un retiro.

 Meditación Lunes mañana

Sólo hay una cosa importante, que es la salvación. Todo lo demás es inútil.

 2ª charla

Lo que nos dijo el Señor abate era muy espantoso. Nos ha hablado del pecado mortal. Nos ha pintado el estado de un alma en pecado mortal y cuánto la odia Dios. La comparó a una palomita que se empapa de fango y que, a causa de eso, no puede volar. Así somos nosotros cuando estamos en estado de pecado mortal, que ya no podemos elevar nuestra alma hacia Dios.
 
Sobre la confesión. Necesidad de hacer una buena confesión. 

3ª charla
El Señor abate nos ha dicho que preparemos una buena morada para Jesús y que le hagamos un lugar hermoso en nuestro corazón donde pueda descansar. Que lo primero que teníamos que hacer era barrerlo, es decir, retirar de él todo lo que desagradase al Niño Jesús; y luego, recoger todas las flores que pudiéramos, es decir, las buenas acciones, para adornar con ellas nuestro corazón y prepararle así un lugar para descansar. Y que cuantas más flores hubiese, mejor sería.

Miércoles mañana Meditación
La agonía de Jesús en el Huerto de los Olivos. 





 2ª charla
La Santísima Virgen es nuestra Madre y no nos abandonará jamás, en cualquier situación que nos encontremos. Desanimarse sería hacerle un agravio, pues, si no la olvidamos, podemos estar seguros de nuestra salvación.
El Señor abate nos ha hecho hacer propósitos; yo he mantenido los de la 1ª comunión, que son:
 1º No me desanimaré;
2º Todos los días rezaré un Acordaos a la Santísima Virgen;

3º Trataré de humillar mi orgullo. 



 Fuente: Obras completas, santa Teresa de Lisieux

ESTO ES LO QUE A MÍ ME TOCA

En medio de una conversación,  Teresa se interrumpió de repente mirándome con compasión y con ternura, y dijo: 

 «... Sor Genoveva será la que más va a sentir mi partida; y me parece que ella es ciertamente la más digna de compasión, pues, en cuanto tiene un problema, viene a buscarme, y ya no va a tener a nadie, pero Dios le dará fuerzas... Y además, ¡yo volveré!» . 
 Y dirigiéndose a mí: 
 «Vendré a buscarte lo antes posible, y haré que papá forme parte de la comitiva; ya sabes que siempre tenía prisa...».   (Con eso no quería decir que fuese un precipitado, sino que aludía a su temperamento que no le permitía dejar para el día siguiente lo que podía hacer la víspera. Una vez que tomaba una decisión, nunca se le quedaba mucho tiempo entre las manos.)

Más tarde, mientras yo desempeñaba a su lado mi oficio de enfermera, hablando como siempre de la cercana separación, se puso a canturrear, poniéndose en mi lugar, esta coplilla que iba componiendo a medida que cantaba (melodía del cántico «Il est à moi»): 
 «Es mía aquella a quien el mismo cielo, el cielo entero vino a arrebatarme. Es mí, y yo la quiero, sí, la quiero. Nada podrá nunca separarnos». 
Yo le decía: «Dios no podrá llevarme inmediatamente después de tu muerte, pues no habré tenido tiempo de ser buena».
Contestó: 
 «Eso no importa. Acuérdate de san José de Cupertino: tenía una inteligencia mediocre, era ignorante y no conocía a fondo más que este evangelio: Beatus venter qui te portavit.
Le preguntaron precisamente por este tema, y respondió tan bien que todos se quedaron admirados y fue admitido con grandes honores al sacerdocio, junto con sus tres compañeros, sin más examen. Pues, juzgaron, de sus sublimes respuestas, que sus compañeros debían de saber tanto como él. 
Así que yo responderé por ti y Dios te dará gratis todo lo que me haya dado a mí». 

Ese mismo día, mientras yo iba de acá para allá por la enfermería, dijo mirándome: 
«Mi pequeño Valeriano...». 
(Algunas veces comparaba nuestra unión a la de santa Cecilia y Valeriano)
Al mirarme, le brotaban espontáneamente comentarios como éstos: 
 «Seremos como dos patitos, ya sabes qué de cerca se siguen uno a otro».  


Celina y Teresita

 «¡Qué disgusto me voy a llevar si veo a cualquier otro sentado en las rodillas de Dios! Me pasaré todo el día llorando...». 
 A mi Teresita le había impresionado mucho el pasaje del Evangelio en que Jesús niega a los hijos del Zebedeo el estar en el cielo a su derecha y a su izquierda, y decía: «Me imagino que Dios tiene reservados esos lugares para «dos niños»... Y esperaba que esos dos niños privilegiados fuésemos ella y yo...
 (Eso es lo que explica mis reiteradas preguntas reveladoras del temor, ¡por cierto, fundado!, de no ser nunca digna de esa merced.) La gracia del Haec facta est mihi, acaecida unas tres semanas después de su muerte, fue la respuesta a la siguiente pregunta íntima que le formulé de pronto durante el Oficio de Tercia: «Teresa no me ha dicho si ha recibido el sitio que esperaba: estar sobre las rodillas de Dios...». En ese preciso momento el coro estaba diciendo: «Haec facta est mihi»... Y no entendía estas palabras, cuya traducción busqué una vez terminado el Oficio: «Haec facta est mihi»... «Esto es lo que a mi me toca...».  




Fuente: Obras completas, santa Teresa de Lisieux, últimas conversaciones.

jueves, 1 de febrero de 2018

SANTA TERESITA RECOMIENDA EL SILENCIO ANTE LAS ACUSACIONES


Cuando no se nos comprende o se nos juzga desfavorablemente, ¿a qué defendernos o dar explicaciones? Dejémoslo pasar, no digamos nada, ¡es tan bueno no decir nada, dejarse juzgar, digan lo que digan...! 

En el Evangelio no vemos que santa María Magdalena haya dado explicaciones cuando su hermana la acusaba de estarse a los pies de Jesús sin hacer nada. No dijo: «¡Si supieras, Marta, lo feliz que soy, si escucharas las palabras que yo escucho! Además, es Jesús quien me ha dicho que me esté aquí». No, prefirió callarse.
¡Venturoso silencio, que da al alma tanta paz ! 

JESÚS CON MARTA Y MARÍA


Fuente: Santa Teresa de Lisieux, obras completas, últimas conversaciones)

 

QUERIDA VIRGEN SANTÍSIMA



Querida Virgen Santísima,
haz que tu Teresita ya nunca más se atormente.

(Obras completas, santa Teresita del Niño Jesús)

A SOR INÉS DE JESÚS, QUIERO QUE EL NIÑO JESÚS ESTÉ FELIZ EN MI CORAZÓN, CARTA 11

A sor Inés de Jesús
1-6 de marzo de 1884



Querida Paulinita:

Había pensado escribirte para darte las gracias por tu precioso librito; pero creía que no estaba permitido hacerlo durante la cuaresma.
Ahora que sé que está permitido, te doy las gracias de todo el corazón.
No sabes la dicha que sentí cuando María me enseñó tu hermoso librito. Me pareció precioso; no había visto nunca nada tan bello, y no me canso de mirarlo.
¡Qué oraciones tan bonitas trae al principio! Se las he rezado de todo corazón al Niño Jesús.

Procuro hacer todos los días el mayor número de prácticas que puedo, y hago todo lo posible por no dejar escapar ninguna ocasión.
Rezo desde lo hondo de mi alma las jaculatorias que representan el olor de las rosas, y lo hago lo más frecuentemente que puedo.
¡Qué estampa tan bonita la que trae al principio! Una palomita que ofrece su corazón al Niño Jesús.
Pues bien, yo también quiero adornar el mío con todas las lindas flores que encuentre, para ofrecérselo al Niño Jesús el día de mi primera comunión; pues quiero, como se lee en la breve oración que hay al principio del libro, que el Niño Jesús se encuentre tan a gusto en mi corazón, que no piense ya en volverse al cielo...

Dale las gracias en mi nombre a sor Teresa de San Agustín por su precioso rosario de prácticas y por haberme bordado la hermosa cubierta del libro. Muchos besos de mi parte a la madre María de Gonzaga, y dile que su hijita la quiere con todo el corazón.
Leonia y Celina te envían un fuerte abrazo. Adiós, querida Paulinita. Un abrazo con todo mi corazón.
Tu hijita que te quiere mucho.





Fuente: Obras completas, santa Teresa de Lisieux, cartas.



A LA MADRE MARÍA DE GONZAGA, PRONTO LA PRIMERA COMUNIÓN, CARTA 9



noviembre-diciembre de 1882(?)


Querida Madre: Hace mucho tiempo que no la he visto; por eso me alegro mucho de escribirle para contarle mis cosillas.

Paulina me ha dicho que usted estaba de ejercicios, y quiero pedirle que ruegue al Niño Jesús por mí, pues tengo muchos defectos y quisiera corregirme.

Tengo que confesarme con usted. De un tiempo acá, contesto siempre que María me manda hacer alguna cosa.

Parece que cuando Paulina era pequeña y se excusaba ante mi tía de Le Mans, ésta le decía: «Tantos agujeros, tantas clavijas»,
pero yo soy todavía mucho peor.

Por eso, quiero corregirme y en cada agujerito poner una linda florecilla que ofreceré al Niño Jesús para prepararme a mi primera comunión. ¿Verdad, querida Madre, que usted pedirá eso a Dios para mí? Sí, ese hermoso momento llegará muy pronto, y cuando el Niño Jesús venga a mi corazón, ¡qué feliz me sentiré de tener tantas flores hermosas para ofrecerle! Adiós, querida Madre. La abrazo con la misma ternura con que la amo.
Su hijita, Teresita



Fuente: Obras completas, santa Teresa de Lisieux, cartas.






miércoles, 31 de enero de 2018

EL ROCIO DIVINO O LA LECHE VIRGINAL





 Envuelto en luz de amor,
en el blando regazo de tu Madre,
¡oh, mi dulce Jesús!,
te muestras a mis ojos,
radiante de amor.
El amor:
misteriosa razón que te alejó
de tu mansión celeste 
y te trajo al destierro.
Deja que yo me esconda bajo el velo
que a la humana mirada te disfraza.
Solamente a tu lado, ¡oh Estrella matutina!,
mi corazón pregusta un avance del cielo.


Cuando al nacer de cada nueva aurora
aparecen del sol los rayos de oro,
la tierna flor que empieza a abrir su cáliz
espera de lo alto un bálsamo precioso:
la rutilante perla matutina,
misteriosa y henchida de frescura,
es la que, produciendo rica savia,
hace abrirse a la flor muy lentamente.


Tú eres, Jesús, la flor que acaba de entreabrirse,

  contemplando aquí estoy tu despertar primero.
Tú eres, Jesús, la encantadora rosa,
el capullito fresco, gracioso y encarnado.
Los purísimos brazos de tu Madre querida
son para ti tu cuna y trono real.
Es tu sol dulce el seno de María,
tu rocío, la leche virginal.


Divino Amado y hermanito mío,
columbro en tu mirada tu futuro:
¡pronto a tu Madre dejarás por mí,
pues ya el amor te empuja al sufrimiento!
Pero sobre la cruz, ¡oh flor abierta!,
reconozco tu aroma matinal,
reconozco las perlas de María:
¡es tu sangre la leche virginal!


Este rocío se esconde en el santuario,
hasta el ángel quisiera poder beber de él:
al ofrecer a Dios su plegaria sublime,
como san Juan repite: «¡Hele aquí!».
¡Oh sí!, miradle aquí a este Verbo hecho Hostia,
  eterno Sacerdote, sacerdotal Cordero.


El que es Hijo de Dios es hijo de María...
¡Se ha hecho pan de los ángeles la leche virginal! 


El serafín se nutre de la gloria,
del puro amor y del perfecto gozo;
yo, pobre y débil niña, sólo veo
en el copón sagrado
de la leche el color y la figura.
Mas la leche es un bien para la infancia.
Del corazón divino el amor no halla igual...
¡Oh tierno amor, potencia incalculable!
¡Mi hostia blanca es la leche virginal! 




2 de febrero de 1893 

Fuente: Obras completas, santa Teresa de Lisieux, poesías


EL CÁNTICO DE LAS MISERICORDIAS DEL SEÑOR, ALENÇON (1873-1877), MANUSCRITO A

Jesús †                                                  
Enero de 1895 Historia primaveral de una Florecita blanca, escrita por ella misma y dedicada a la Reverenda Madre Inés de Jesús. 


A ti, Madre querida, a ti que eres doblemente mi madre, quiero confiar la historia de mi alma... El día que me pediste que lo hiciera, pensé que eso disiparía mi corazón al ocuparlo de sí mismo; pero después Jesús me hizo comprender que, obedeciendo con total sencillez, le agradaría. Además, sólo pretendo una cosa: comenzar a cantar lo que un día repetiré por toda la eternidad: «¡¡¡Las misericordias del Señor !!!»...


Antes de coger la pluma, me he arrodillado ante la estatua de María (la que tantas pruebas nos ha dado de las predilecciones maternales de la Reina del cielo por nuestra familia), y le he pedido que guíe mi mano para que no escriba ni una sola línea que no sea de su agrado.

Luego, abriendo el santo Evangelio, mis ojos se posaron en estas palabras: «Subió Jesús a una montaña y llamó a Sí a los que él quiso, y se fueron con él» (San Marcos, cap. III, v. 13).
He ahí todo el misterio de mi vocación, de mi vida entera, y, sobre todo, el misterio de los privilegios de Jesús a mi alma... Él no llama a los que son dignos de él, sino a los que quiere, o, como dice san Pablo: «Dios tiene piedad de quien quiere y trata con misericordia a quien quiere tratar con misericordia. No es, pues, cosa del que quiere o del que corre, sino de Dios que trata con misericordia» (Cta. a los Romanos, cap. IX, v. 15 y 16).


Durante mucho tiempo me he preguntado por qué tenía Dios preferencias, por qué no recibían todas las almas el mismo grado de gracias.
Me extrañaba verle prodigar favores extraordinarios a los santos que le habían ofendido, como san Pablo o san Agustín, a los que forzaba, por así decirlo, a recibir sus gracias; y cuando leía la vida de los santos a los que Nuestro Señor quiso acariciar desde la cuna hasta el sepulcro, sin dejar en su camino ningún obstáculo que les impidiera elevarse hacia él y previniendo a esas almas con tales favores que no pudiesen empañar el brillo inmaculado de su vestidura bautismal, me preguntaba por qué los pobres salvajes, por ejemplo, morían en tan gran número sin haber oído ni tan siquiera pronunciar el nombre de Dios...
Jesús se ha dignado instruirme acerca de este misterio.


Puso ante mis ojos el libro de la naturaleza y comprendí que todas las flores que él ha creado son hermosas, y que el esplendor de la rosa y la blancura del lirio no le quitan a la humilde violeta su perfume ni a la margarita su encantadora sencillez... Comprendí que si todas las florecitas quisieran ser rosas, la naturaleza perdería su gala primaveral y los campos ya no se verían esmaltados de florecillas... Eso mismo sucede en el mundo de las almas, que es el jardín de Jesús. 



 El ha querido crear grandes santos, que pueden compararse a los lirios y a las rosas; pero ha creado también otros más pequeños, y éstos han de conformarse con ser margaritas o violetas destinadas a recrear los ojos de Dios cuando mira a sus pies. La perfección consiste en hacer su voluntad, en ser lo que él quiere que seamos... 

Comprendí también que el amor de Nuestro Señor se revela lo mismo en el alma más sencilla que no opone resistencia alguna a su gracia, que en el alma más sublime. Y es que, siendo propio del amor el abajarse, si todas las almas se parecieran a las de los santos doctores que han iluminado a la Iglesia con la luz de su doctrina, parecería que Dios no tendría que abajarse demasiado al venir a sus corazones. Pero él ha creado al niño, que no sabe nada y que sólo deja oír débiles gemidos; y ha creado al pobre salvaje, que sólo tiene para guiarse la ley natural. ¡Y también a sus corazones quiere él descender! Estas son sus flores de los campos, cuya sencillez le fascina...
 

Abajándose de tal modo, Dios muestra su infinita grandeza. Así como el sol ilumina al mismo tiempo a los cedros y a cada florecilla, como si sólo ella existiese en la tierra, del mismo modo Nuestro Señor se ocupa tan personalmente de cada alma, como si no hubiera otras como ella.

Y así como en la naturaleza todas las estaciones están ordenadas de tal modo que en el día señalado se abra hasta la más humilde margarita, de la misma manera todo está ordenado al bien de cada alma.


Seguramente, Madre querida, te estés preguntando extrañada adónde quiero ir a parar, pues hasta ahora nada he dicho todavía que se parezca a la historia de mi vida. Pero me has pedido que escribiera lo que me viniera al pensamiento, sin trabas de ninguna clase. Así que lo que voy a escribir no es mi vida propiamente dicha, sino mis pensamientos acerca de las gracias que Dios se ha dignado concederme. 
 

Me encuentro en un momento de mi existencia en el que puedo echar una mirada hacia el pasado; mi alma ha madurado en el crisol de las pruebas exteriores e interiores. Ahora, como la flor fortalecida por la tormenta, levanto la cabeza y veo que en mí se hacen realidad las palabras del salmo XXII: 
«El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas... Aunque camine por cañadas oscuras, ningún mal temeré, ¡porque tú, Señor, vas conmigo!» Conmigo el Señor ha sido siempre compasivo y misericordioso..., lento a la ira y rico en clemencia... (Salmo CII, v. 8). 




Por eso, Madre, vengo feliz a cantar a tu lado las misericordias del Señor... Para ti sola voy a escribir la historia de la florecita cortada por Jesús. Por eso, te hablaré con confianza total, sin preocuparme ni del estilo ni de las numerosas digresiones que pueda hacer. 

Un corazón de madre comprende siempre a su hijo, aun cuando no sepa más que balbucir. Por eso, estoy segura de que voy a ser comprendida y hasta adivinada por ti, que modelaste mi corazón y que se lo ofreciste a Jesús... 

Me parece que si una florecilla pudiera hablar, diría simplemente lo que Dios ha hecho por ella, sin tratar de ocultar los regalos que él le ha hecho. No diría, so pretexto de falsa humildad, que es fea y sin perfume, que el sol le ha robado su esplendor y que las tormentas han tronchado su tallo, cuando está íntimamente convencida de todo lo contrario. 

La flor que va a contar su historia se alegra de poder pregonar las delicadezas totalmente gratuitas de Jesús. Reconoce que en ella no había nada capaz de atraer sus miradas divinas, y que sólo su misericordia ha obrado todo lo bueno que hay en ella...

El la hizo nacer en una tierra santa e impregnada toda ella como de un perfume virginal. El hizo que la precedieran ocho lirios deslumbrantes de blancura. Él, en su amor, quiso preservar a su florecita del aliento envenenado del mundo; y apenas empezaba a entreabrirse su corola, este divino Salvador la trasplantó a la montaña del Carmelo, donde los dos lirios que la habían rodeado de cariño y acunado dulcemente en la primavera de su vida expandían ya su suave perfume... 



TERESITA DE NOVICIA EN EL CARMELO



Siete años han pasado desde que la florecilla echó raíces en el jardín del Esposo de las vírgenes, y ahora tres lirios contándola a ella- cimbrean allí sus corolas perfumadas (Paulina, María y ella), un poco más lejos, otro lirio se está abriendo bajo la mirada de Jesús (Leonia). Y los dos tallos benditos (sus padres) de los que brotaron estas flores están ya reunidos para siempre en la patria celestial... Allí se han encontrado con los otros cuatro lirios (sus hermanitos fallecidos) que no llegaron a abrir sus corolas en la tierra...


ESTA ESTAMPA MUESTRA A SANTA TERESITA EN EL CIELO 
SUS PADRES Y SUS CUATROS HERMANITOS QUE MURIERON
A MUY CORTA EDAD


 ¡Ojalá Jesús tenga a bien no dejar por mucho tiempo en tierra extraña a las flores que aún quedan el destierro! ¡Ojalá que pronto el ramo de lirios se vea completo en el cielo! 
 




Fuente: Historia de un alma (Autobiografía de santa Teresita de Niño Jesús)